*) Psic. Manuel Froilán Zavala Ayala

“El dolor nos transforma y se transforma, es parte de la vida y la muerte pone fin a la existencia pero no al vínculo, a la relación que uno tiene con la persona que se fue y por eso lleva un proceso lógico que se debe transitar" (Bernardo Stamateas).

 

La muerte es parte del ciclo de la vida. Los seres vivos somos perecederos, e igual que nacemos, un día dejaremos de existir. La teoría la conocemos todos, nos parece de lo más natural hasta que nos toca experimentarla.

Ninguno de nosotros estamos preparados para afrontar la muerte de un ser querido. El hecho de que no lo volvamos a ver y escuchar, hace que nos revelemos e intentemos no afrontar su muerte, o buscar la manera de seguir en contacto con la persona desaparecida. Necesitamos un tiempo para entender, de forma razonada, qué ha sucedido y las consecuencias a afrontar. Debemos pasar el duelo.

Al principio del proceso de pérdida de un ser querido, se vive un gran vacío, todo se desvanece, queda como en suspenso y aparecen sentimientos de desesperanza, frustración, pena, ansiedad y confusión. También es posible que los familiares afectados, principalmente, sientan una sensación de injusticia insoportable y mucha rabia y enojo hacia el mundo en general.

Constantemente se preguntan “por qué” y es probable que aparezca un profundo sentimiento de culpa.

Las emociones, pasado el impacto inicial, son más profundas. Aparecen deseos de volver al pasado, de quedarse anclado en el tiempo, para evitar afrontar lo inevitable. Pero esto, querido amigo, no soluciona nada… al contrario, la única manera de liberar estos sentimientos es viviéndolos, dejándolos salir sin valorarlos ni retenerlos.

Con el tiempo, si el duelo ha seguido un buen proceso, se empieza a cambiar y se inicia un proceso de crecimiento personal. Se aprende a relativizar y la persona se angustia menos. Se gana en humanidad, flexibilidad y tolerancia, porque durante el recorrido se pierden muchos miedos.

La escala de valores varía; se comienza a dar más importancia a cosas sencillas que consiguen reconfortar… y se vuelve más solidario porque le cuesta menos enfrentarse al dolor ajeno. Es capaz de ponerse con más facilidad en el lugar del otro porque comprende mejor cómo se siente una persona que sufre. Esto la fortalece y la predispone a encontrar nuevos estímulos que le ayudarán a recobrar la ilusión por vivir.

Hay que afrontar todo el dolor por muy insufrible que parezca, sólo así se consigue volver a recuperar las ganas de vivir. Pero al mismo tiempo hay que estar abierto a cualquier manifestación de cariño por pequeña que sea porque si se cierra el corazón… la vida se seca. Entonces todo se apaga. Y la persona se queda sola, viendo como sus hijos, su pareja y su trabajo se desmoronan.

El proceso del duelo suele durar un tiempo relativo. Depende de muchos factores, como los recursos emocionales del doliente, y su capacidad de adaptación a las nuevas situaciones. Se vive de diferente manera si la muerte era o no esperada, o si se trata de un padre o un hijo.

Para los progenitores la muerte del hijo es más traumática, no están preparados para que desaparezca antes que ellos, lo que conlleva un peso mayor a la hora de afrontar la pérdida y el proceso. Por otro lado, la red de apoyos es fundamental. Recibir ayuda del entorno es importante para que el doliente se sienta protegido y comprendido.

Y lo que es muy importante, si usted tiene un familiar o amigo viviendo el proceso, ayúdele pero no le fuerce a superarlo.

Acompáñele en el camino, y trátele como le gustaría que le tratasen a usted.

*) Licenciado en Psicología, especialidad Clínica (con Habilitación Profesional del MSP). Miembro Honorario en el Área de Negociación Antisecuestro (gerenciamiento de crisis) del Grupo Halcón de la Policía Argentina

Especializaciones en Suicidología: Red Mundial de Suicidiólogos (Representante Nacional hasta el año 2.008); Red Iberoamericana de Suicidiólogos (Argentina).

Miembro de la Asociación Argentina de Salud Mental (AASM), desde el 10 de agosto de 2016.

Ex - Miembro de la Sociedad Mexicana de Tanatología.

Libros publicados: “Suicidio Infanto-Juvenil” - Cómo reconocer las Señales de Advertencia (Editorial Arandura. Año 2006); en proceso: “Estrés, Depresión y Suicidio”. Disertante en múltiples eventos en varios países.

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