*) Lic. en Psicología Adriana Savio Corvino

“…y un día le pregunté a mi hijo de 7 años: Si nosotros los buenos, matáramos a todos los malos… ¿Quiénes quedaríamos?

Y él me respondió: “Los asesinos papá… Solo los asesinos…”

Noticia escalofriante… dos asesinos confesos y de perfiles de alto nivel de peligrosidad se pasaron factura de la forma más salvaje y uno de ellos de forma cruenta fría y hasta si se quiere despiadada, asesinó a sangre fría y mientras dormía al “pelado” sin darle ni siquiera la oportunidad a la víctima de defenderse.

El hecho sucedió dentro de una celda de 2x2 donde Marcelo Roldán compartía cohabitabilidad con Víctor Hugo Pereyra Da Silva; ambos asesinos confesos desde tempranas edades y habiendo sido los homicidios hechos que iniciaron en ambos, la carrera criminal.

Aparentemente ambos presos se “llevaban bien” y convivían en cierta “armonía” según explicaron algunos técnicos de la Institución Carcelaria; razón por la cual no se comprendió como “problemático” el hecho de que compartieran celda.

Sin embargo, es cierto que estos perfiles deben ser analizados a fondo, y nunca es demasiada información la que se tiene para llegar al supuesto “basamento” de sus verdaderas intenciones o impulsiones violentas.

Ambos reclusos eran lo que se conoce como “presos viejos” dentro del centro de reclusión; y compartían celda en La Roca- área de mayor seguridad en Libertad- desde hacía nada más que 3 meses. Sin embargo, los rumores que corrían eran que El Pelado “había perdido su estrella de líder” hacía ya unos años atrás, frente a la comunidad carcelaria.

En los últimos tiempos, según expresa el victimario, la víctima no hacía más que “insultar a su madre enferma de cáncer.” Este es el testimonio aparentemente “justificatorio” de su acto salvaje y voraz con el que elige ultimar a su víctima: ahorcarla, luego acuchillarla, flagelarla, comer parte de su torso fritado y finalmente degollarla para colgarla como una res del techo de la celda.

El posible análisis más profundo, que puede entreverse en función de las conductas podría ser algo así como: se observa presente la burla del homicida ante su víctima tanto estando esta viva y luego de muerta. Cortar el cuerpo para profanar la paz de su descanso, que simbólicamente solo puede obtenerla si está su cuerpo completo.

Aparentemente él insultó a la madre y este otro le estropeó el duelo a la suya propia. El victimario según su relato presenta a su madre “muriendo de cáncer” y por ende mató a la madre de Roldán en vida, estropeando el cuerpo de su hijo y su duelo.

A través de la condición psicopática del victimario, se da un duelo de madres detrás del duelo real entre víctima y victimario; podríamos decir que el victimario mató a la madre de Roldán, antes que la circunstancias según el mismo explicó, terminen con la vida de la propia. Matar en vida a la madre de Roldán, por intermedio de la comisión de tan brutal homicidio hacia el cuerpo de su hijo, no se puede leer como otra cosa que matar a su madre en vida, luego de haberlo ultimado al hijo como lo hizo.

El homicidio con rasgos de especial intencionalidad y alevosía, suma vilipendio, o sea, atentado contra el derecho de la paz de los muertos, pues se trató de una flagelación con decapitación post mortem, que claramente buscaba el asombro con la “instrucción” a la comunidad carcelaria y a la sociedad por completo.

Criminológicamente podríamos describir que dató de un desmembramiento “expositivo” por estas mismas causales; que van vinculadas a claros indicios de falta total de empatía y angustia del lado del victimario, quién advirtió públicamente en el juicio que ni se arrepentía ni pediría perdón por sus aberrantes conductas hacia Roldán.

Este hecho presenta varios focos de análisis; el primero es desde la dimensión comunitaria carcelaria. Desde la antropología criminal es bien sabido que los “actos” de feroz violencia como decapitación, flagelación y desmembramientos; refieren arquetípicamente a actos de tortura milenarios que tenían por esencia el “advertir” acerca de un territorio o una persona ante la cual era precepto “cuidarse”.

Recordemos a los Jíbaros con sus reducciones de cabeza del enemigo y comer el corazón para “absorber” el poder del enemigo; o las culturas vikingas con sus prácticas del “águila de sangre” donde se desmembraban especialmente los torsos y se buscaba el desangrado de la víctima en vida, aspecto que está en dicho caso, e incluso se induce especialmente cuando Víctor cuelga de cabeza hacia abajo el cuerpo de su víctima ya decapitada, al igual que se desangra un animal al ser faenado.

Tal es así, que no es raro hallar en la biografía del victimario, actividades relacionadas con la cacería y la faena de animales; los cortes e incisiones a pesar de haber sido realizadas con instrumentos rudimentarios como los “cortes carcelarios” parecen realizados en el lugar perfecto junto a las uniones musculares exactas para favorecer su velocidad y aplicación de fuerza en exactitud.

Se trata de un aspecto que por perfilación criminal y matcheo de casos me recuerda a la vida y acciones criminales de Ed Gein, también caníbal, niño criado en medio rural, con conocimiento de cacería y faenado de animales que fue reconocido como uno de los 10 asesinos seriales más terribles de la historia criminal; y en su país llamado el “Caníbal de Milwaukee.

Pero no alejándonos tanto de nuestro país; también emergen nuevamente formas de matar vistas en el caso de El Cosita que junto al Sapo matarían al “Caramelero” tirando restos de su cuerpo hacia afuera de la celda y comiendo parte de su corazón.

En lo que a perfiles criminales respecta llaman potentemente la atención, aspectos como la asepsia y búsqueda de “orden” extremo en la escena del crimen en ambos casos; El Cosita llego a juntar la sangre del Caramelero con jugolín en sobre, desperdigándolo para poder juntarla luego de emulsionada y evitar que saliera hacia afuera de la celda.

De la misma manera que el victimario de Roldán, luego de matarlo, desmembrarlo, decapitarlo, comerlo y colgarlo, limpiaría toda la escena, se bañaría y finalmente se sentaría a esperar que lo “castigaran”. Hay que aclarar que cuando la fiscal del caso ingresó a la celda el hombre explicó: “No limpié para evitar que piensen que no haya sido yo el culpable… soy el único que estuvo con él dentro de la celda.”.

Claro es que la búsqueda de “orden” es en ambos casos una búsqueda más interna del victimario que perteneciente al plano de la realidad. El desorden y el descontrol de la situación eran dos circunstancias que al victimario de Roldán no le satisfacían en absoluto; a tal punto que al tocar el “botón parafrénico” de la figura materna, el asesino de asesinos se abalanzó sin dudar y pasó a la comisión del acto en una “tormenta psicopática” que de tan efectiva y tremenda, parece hasta irreal. ¿La Víctima no luchó? ¿No se defendió ni siquiera instintivamente por su vida a pesar de poder estar dormido? ¿Nadie los escuchó?...

Desde un lugar más dinámico no descarto una admiración desmedida de parte del agresor hacia su víctima -luego de ultimarlo se viste con sus ropas-, y en cierto nivel una “competencia” de poderíos de liderazgo dentro del ámbito carcelario. Desde lo simbólico; el homicida va tras su cabeza en primera instancia, donde residía quizás uno de los mayores “poderes” de “El Pelado” ya conocido por su don de liderazgo y reconocimiento por parte de la comunidad carcelaria, la cual destaca como central su “don de persona” con “códigos” en el ambiente.

Luego fue al corazón; y aparentemente equivoca la lateralidad realizando la incisión en el lado derecho; también aspecto muy significativo. El corazón es símbolo de fuerza y sentimientos; recordemos que aparentemente la víctima “insultó” a su madre, símbolo de la mayor adoración para cualquier hijo y más para uno convicto.

Se busca “extirpar” el corazón, ¿denotando que no lo tiene... del lado “opuesto” ?, para demostrar que no tiene corazón o lo tiene en un lugar que no corresponde? Estos aspectos que parecerían muy aventuraros deben ser analizados ante el victimario; pero les aseguro que nos asombraríamos si hablásemos con él y según su discurso llegáramos a conclusiones que confirmen que estos “sentidos” estuvieron presentes, aunque sea desde el plano más inconsciente de su psique.

Claramente el “móvil” criminológico fue Humillación de la Victima, lo cual remató con un flagrante vilipendio que falta el respeto al cuerpo del muerto y busca seguir burlando al mismo más allá de su muerte; ya habiendo éste dejado de ser un ser vivo, pero no por eso un cuerpo con derechos como la dignidad y respeto ante el mismo.

El descuartizamiento es también lo que se entiende como “romper en partes” para que sea posteriormente irrecomponible; esto desde la fantasía es con el fin de “maldecir la partida”.

Esto tiene una traducción en el plano real que se centra en que el cuerpo no pueda ser duelado correspondientemente, pues nunca estará “completo”. Ahí mismo ya existe y se hace presente la esencia de la figura del vilipendio que luego se materializa a través del canibalismo, desmembramiento y apuñalamiento post mortem.

También es de orden pensar en el Modus Operandi elegido; en el “dime como matas y te diré quién eres…”; la mutilación alude a una clara disposición interna que está presente en el acto en sí, como también en lo que busca expresar con el mismo -separación cabeza y corazón del cuerpo-. En realidad, la fantasía se centraría en que no se pudieran “hallar las partes” lo cual induce a realizar el desmembrar -siempre que nos estemos refiriendo a lo que motiva inconscientemente a un homicidio con tal ferocidad-, en el mismo momento del acto.

Finalmente agregar otro factor más que sería el neuro psicológico criminal, más específicamente en este caso vinculado al “cerebro de reptil”. No podemos olvidar el concepto de “desterritorialización” o sea, “pérdida de referencia geoubicacional” dentro de los predios de encierro y mucho más intra-celda.

Claramente hubo presente también, un conflicto de territorios y mando con dominio sobre el mismo, donde aparece un dato clave acerca de la personalidad de Roldán. Según allegados era una persona “…que no sabía vivir en libertad...” o sea, requería del territorio definido y sobre el cual nunca perdiera el control del espacio. Esto no es casual si hacemos referencia a la escena y al tipo de muerte que terminó dando final a su vida de forma brutal.

Por otra parte, no olvidar la firma del criminal; que en este caso como no podía ser de otra forma, vuelve a ser la misma al igual que en su primer homicidio donde la victima ex pareja del victimario, terminó en una escena lamentable como la de Roldán, también decapitada.

Para cerrar el caso aquí, creo central destacar la importancia de analizar científicamente y de forma actualizada los perfiles psicológicos de convivencia de los reclusos, por más que se trate de “presos viejos” como era éste el caso. La mejor de todas las condiciones de convivencia intramuros debe ser buscada y custodiada siempre, no únicamente por los operarios policiales de intervención directa, sino también por los técnicos del ámbito psicológico y mental.

Tenemos la responsabilidad funcional, pero por sobre todo ética y moral, de ofrecer a razón de la investigación y formación continua; una mejor realidad de convivencia para los presos, en relación principalmente a la protección de su dignidad como seres humanos de derecho y a la protección del ser humano en sí mismo.

Los casos “complejos” en cuanto a su conducta criminal y personalidad, deberían ser objeto de estudio constante y análisis científico-criminal, con el objetivo de avanzar en prevención victimológica y seguridad para todos.

Cuando lo urgente no deja tiempo para lo importante… no es una buena transacción… y en estos casos tampoco…

Hoy valió la vida de un convicto que transitó más del 70% de su vida en condiciones de encierro… hoy de nuevo “triunfó” la fuerza más brutal y feroz de la violencia más monstruosa que el ser humano puede expresar… hoy triunfó de nuevo, intramuros, la barbarie que todos desde nuestros lugares debemos combatir día a día… segundo a segundo…

Todas las vidas valen… y un acto violento no se puede justiciar ni enjuiciar con más violencia. Las vidas violentas tampoco…

*) Especialista en Psicología Forense y Psicología Criminológica – Perú. Maestrado en Derechos de la Infancia, Adolescencia y Políticas Públicas -  UdelaR. Promotora DDHH Mec. Directora del Instituto de Psicología Forense del Uruguay (I.C.P.F.U.).

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