*) Alberto Fernando Prandi De Césare

Desde sus inicios, Punta del Este nace y se desarrolla cómo una propuesta turística única, diferente, enclavada en un lugar privilegiado que fue potenciando todos y cada uno de sus atributos.

Naturaleza en su estado más puro, dunas y bosques en casi todo su territorio, playas y lagunas de aguas cristalinas y vistas panorámicas inigualables que hicieron que en sus orígenes, aquellas familias provenientes de Europa en los albores del siglo XX y luego de la Región, se “enamoraran” del lugar, lo hicieran suyo y quisieran volver una y otra vez, en cada verano, en cada año.

Con una indudable dosis de magia, el Balneario generó una gran fidelidad, se invirtió ordenadamente en la infraestructura que todo centro turístico requiere y en construcciones de casas que fueron delineando los distintos barrios residenciales que ofrecían la belleza de sus parques y jardines en perfecta armonía con el entorno natural.

Así Punta del Este fue siendo reconocida a nivel regional e internacional cómo uno de los mejores balnearios del mundo. Una “marca país” que nos distinguió como tal, una propuesta con marcada identidad y por ende con íconos que la definían y fortalecían.

Esa fue su rica historia, patrimonio de un país y su gente, que hacía un culto de la bien ganada mística de su principal Balneario cómo un activo incuestionable.

Pero hubo quienes no entendieron o no quisieron entender que nuestras generaciones recibieron ese legado para cuidarlo y defenderlo para que luego lo heredaran las generaciones venideras, no para depredarlo, no para destruirlo.

Y vinieron años de “barbarie”, dónde se primó en intereses personales y económicos, permitiendo construcciones a mansalva, con alturas absurdas para un Balneario. Se desconocieron las reglas de la oferta y la demanda, para beneficio de unos pocos “excepcionados” u otros beneficiados directamente con las permanentes modificaciones de las normas de construcción y así fue cambiando la fisonomía de Punta del Este, fue cambiando su identidad.

Nos olvidamos de cuidar a quienes invirtieron antes y confiaron en que se iban a respetar las “reglas de juego”, nos olvidamos de los recursos naturales, de los bosques, de los médanos, de los parques y jardines e iniciamos la “era del hormigón”.

Modificamos la genética del Balneario, que se fue convirtiendo en una triste imitación de un Miami tercermundista, perdimos respeto por los valores históricos y culturales. En ese “vale todo” y sólo a modo de ejemplo, se perdió el Hotel San Rafael y con él una parte de nuestro pasado.

Se permitió la contaminación, primero de la Laguna del Diario, luego la del Sauce y hoy le llegó la hora a nuestras costas, cianobacterias mediante. A toda velocidad ahora se están demoliendo las mejores residencias sobre la costa de la Brava del barrio Parque del Golf, último bastión dónde no se permitía altura, para terminar de perderlo todo.

Más allá de los beneficios que se siguen otorgando y de las decenas de megaproyectos aprobados, dónde la excepción es la norma, la construcción muestra los niveles más bajos de ocupación, desnudando la mentira de la genuina creación de puestos de trabajo para nuestra gente.

El Departamento de Maldonado debe generar industrias alternativas, no contaminantes, no depredadoras de la propuesta turística. El Turismo es la actividad a defender al igual que el medio ambiente que lo sostiene, es que hoy tampoco hay rentabilidad en este sector de actividad y siguen cerrando más y más comercios que generan los verdaderos y hasta hace poco sostenibles puestos laborales y nos quedamos con las manos vacías. Cuando los “benefactores” inversores no tengan más ganancias para obtener, se irán a otros lugares a hacer lo mismo que hicieron acá.

Sobran ejemplos en el mundo de balnearios famosos que hoy están en ruinas porque no supieron preservarlos. Acapulco, Mar del Plata, Benidorm, Marbella y muchos otros. Todavía estamos a tiempo de revertir esta realidad y esto sólo podrán lograrlo los vecinos, los visitantes que quieren a pesar de todo este lugar, exigiendo a los responsables “parar” y empezar a pensar en lo que estamos perdiendo para siempre.

*) Alberto Fernando Prandi De Césare (63), casado, 3 hijos y 1 nieta.

Operador inmobiliario de Punta del Este y La Paloma desde 1978.

Presidente de la Asociación de Inmobiliarias de Punta del Este (Adipe), por dos períodos consecutivos 2001-2003 y 2003- 2005.

Subsecretario de Turismo y Deporte a partir del 2005 integrando el gabinete del primer gobierno progresista en la historia del Uruguay.

Presidente de Rotary de Punta del Este en el período 2002-2003.

Presidente y socio fundador de la Asociación de Empleados de Inmobiliarias (Aedi) por el período 2003-2005.

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