*) Daniel Pelenur MBA

Hace unos días estaba esperando por un trámite en una oficina pública, no encontraban el expediente, estuve unos 15 minutos mirando, me gusta observar todo, como trabajan los funcionarios, sus charlas, los teléfonos que suenan, las idas y venidas, el ambiente, me fije en un costado del escritorio de la funcionaria, y tenía escrito: “Para que una organización no fracase tan solo es necesario que cada uno de sus integrantes haga lo que tiene que hacer”. “Jamás se ha logrado algo extraordinario sin entusiasmo”. Ralph Waldo Emerson

Qué bueno que esta vez tuve que esperar estos 15 minutos y poder ver esta sinfonía de palabras que tienen un peso especifico enorme para la supervivencia de las empresas.

Una palabra clave e importantísima: Entusiasmo. Los orígenes de las empresas familiares se remontan a la capacidad, fuerza, visión, ganas y entusiasmo de su creador; el va forjando ese difícil camino del comienzo, se afianza, va madurando y creciendo.

Los fundadores son los gran Entusiasmados, meten proa a su idea, y no los para nadie. Pero hay que seguir, enfrentar escollos, adaptarse al cambio, crecer racionalmente en estructura y poder de delegación.

El fundador debe dejar hacer a las nuevas generaciones, y estas deben agarrar la posta de ese entusiasmo para seguir aportando riqueza a la empresa. Hay innumerables factores que se oponen a que ese entusiasmo se mantenga, personales y del contexto interno y externo de la empresa, hay que trabajar el tema, pero la energía se debe mantener y el empuje nunca parar.

Cada uno de sus integrantes debe saber lo que tiene que hacer; esto se corresponde a la cultura, a las enseñanzas que los integrantes primarios de la organización pueden impartir al resto de la familia y empleados, a crear una estructura organizacional acorde y que se pueda modificar de acuerdo al crecimiento de la empresa, a los vaivenes del mercado, a las imposiciones del gobierno para que funcione, al cambio constante que se debe tener para mantener el flujo de fondos positivo a fin de mantener el ciclo productivo o de servicios de la empresa.

Tendemos a incorporar familia a la empresa, muchas veces sin una planificación adecuada o sin saber si la persona es la correcta para desempeñar la función. Tiene que estar porque es familia. Pero a veces tiene que estar bien lejos de la empresa, y no nos damos cuenta hasta que las constantes disfuncionalidades que comenzamos a encontrar hacen que el daño casi sea irreparable. La empresa no es una bolsa de trabajo para la familia, tengamos claro eso.

Hay que estar muy atento a este tema, tener claro que el crecimiento de la empresa y familia a veces no se corresponde; la empresa no puede sostener un flujo de caja para todos los integrantes, no hay equilibrio, no hay una contraprestación de valor agregado y mejora de volúmenes solo por añadir más sangre directa e indirecta a la empresa.

Debemos ser conscientes de esto, es un tema sensible, con probabilidad alta de conflictos.

Cabeza fría, planificar, estudiar el panorama, ver y saber las personalidades, caracteres y conductas de la gente que voy a incorporar, sintonizar su entusiasmo, su energía y sus ganas de hacer.

La vida de las empresas familiares tiene una correlación directa con nuestras vidas, debemos dejar hacer, delegar, enseñar, transferir poder (aunque nos cueste mucho este tema) a las nuevas generaciones, mantener ese espíritu del creador, e innovar constantemente para mantener la posición de mercado. Nunca quedarse quieto…

*) Master en Administración de Empresas (New York University). Ocupó cargos gerenciales de primer nivel en áreas administrativas financieras en importantes empresas en Montevideo y Buenos Aires. Docente Universitario. Desde el 2008 hace consultoría y capacitación en empresas familiares en áreas de Administración, Contabilidad, Finanzas y Organización. Cel. 099 141 417 - Esta dirección de correo electrónico está protegida contra spambots. Usted necesita tener Javascript activado para poder verla.

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