*) Psic. Manuel Froilán Zavala Ayala

 

En los últimos años, la sociedad ha comenzado a entrar a la dinámica de un fenómeno que se le conoce como estrés social. Es una tensión que ha alcanzado directa o indirectamente a cada ciudadano. Aunque no pareciera, esos factores han afectado la forma de convivencia entre los ciudadanos y llevado a la gente a sentir una especie de enojo, una sensación de engaño, que no le permite llevar una vida normal.

El estrés social, como tal, parte de una tensión que vive el individuo derivado de sus relaciones interpersonales y su contexto social. Involucra a muchos factores; por ejemplo: problemas con el trabajo, crianza de los hijos, la educación, el sexo y la socialización, la drogadicción, narcotráfico, inmigración, la presión de grupos e inclusive la falta de atención por parte de las autoridades. Cuando tu vida corre peligro desde el planteamiento emocional o social se genera estrés social.

No existe confianza en las autoridades, eso genera un mayor trauma social y tienen un impacto que se da de una manera envolvente (Bauman). Este trauma social genera cómo una especie de bola de nieve que nos aplasta y nos afecta porque finalmente es algo que impacta terriblemente en nuestras vidas y nos está haciendo daño. Aunque el tema de la violencia no nos toque directamente, nos genera miedo.

El hecho de ver a un conocido, al amigo, al vecino ser víctima de asalto o secuestro, nos genera esa sensación de miedo e incertidumbre. Todas estas cosas generan en la gente una serie de consecuencias; les está generando tremenda ansiedad, porque hay un desconocimiento respecto de a qué nos estamos enfrentando.

Se habla de la falta de trabajo, despidos laborales masivos, inseguridad alimentaria, crisis en el sistema de salud, inseguridad y violencia, así como falta de liquidez económica.

Vivimos en una sociedad estresada. El estrés es sufrimiento. El estrés tiene momentos: alarma, resistencia y agotamiento. Es la relación entre cargas vs. resistencias personales. El estresado vive preocupado. Presenta síntomas como por ejemplo: dolor de cabeza, fiebre, dolor de estómago, falta de aire, insomnio, acidez, cambios de conducta, entre otros.

La sociedad actual está estresada y con justa razón.

Uno dice es malo… pero en su justa medida es un mecanismo de defensa… ¿por qué? Porque el estrés pone a la psiquis y el cuerpo en tensión para responder a una situación peligrosa. Ahora, cuando este mecanismo que está disponible para ser utilizado muy de vez en cuando vos lo tenés todo el día, no hay psiquis que resista. Cuando vos le impones a la psiquis más tensión de la que puede soportar durante mucho tiempo, lo más probable es que se quiebre, que se quiebre por el lado de que en algún momento va a tener que descargar ese exceso de tensión.

Si existen personas que saben que mañana van a comer y que van a poder pagar la  luz, etc., están igual inquietos; imagínate la persona que no sabe cómo va a pasar mañana, que no sabe cómo va a responder mañana… imagínate algo tan sencillo como es el  pedido de un hijo… tiene los zapatos rotos y no le puedo comprar otro… te imaginas la frustración que se siente, la sensación de ser mal padre, de no estar a la altura… frustración aparece y genera enojo. La frustración es una emoción que aparece cuando vos sentís que te mereces algo y no te lo dan o no lo podés conseguir.

Ahora, existen personas frustradas que ante estas situaciones responden de manera diferente, porque ante esa molestia o ese enojo generado, tiene los mecanismos psíquicos para hacerse cargo de lo que le corresponde.

Donde está la necesidad no hay lugar para la reflexión, especialmente en momentos de crisis, es sano cuando alguien tiene autocritica, el poder de análisis personal y la madurez para hacerse cargo de la parte que le corresponde.

LAS CRISIS DESPEJAN EL TERRITORIO DE QUIEN ESTA Y QUIEN NO ESTÁ

“La vida cotidiana está alejada de la realización”

Estamos en un momento cambiante, de cambios no rápidos, sino acelerados. Con nuevas formas y situaciones sociales. Como dice Zygmunt Bauman, de un nuevo “orden líquido contemporáneo”. Donde el mundo, nuestro mundo se ha vuelto extremadamente complejo, difícil, arriesgado y peligroso.

Todo esto representa un estado que afecta globalmente al individuo, generando un estado crónico de tensión y de agobio. Hemos pasado de una cierta situación de solidez, donde todo o casi todo se mantenía dentro de unas constantes o parámetros ya establecidos, a un estado de constantes vaivenes o cambios.

“Vivimos ante la sensación de caminar sobre una superficie tambaleante”. Todo esto, ha llevado a una situación de crisis actual, a un estado de fragilidad y de indefinición que nos afecta a todos en diferentes modos y aspectos de nuestras vidas. Nos hemos vuelto o nos estamos volviendo extremadamente frágiles y fácilmente insatisfactorios.

 

*) Doctorando en Psicología, especialidad Clínica (con Habilitación Profesional del MSP). Miembro Honorario en el Área de Negociación Antisecuestro (gerenciamiento de crisis) del Grupo Halcón de la Policía Argentina

Especializaciones en Suicidología: Red Mundial de Suicidiólogos (Representante Nacional hasta el año 2.008); Red Iberoamericana de Suicidiólogos (Argentina).

Miembro de la Asociación Argentina de Salud Mental (AASM), desde el 10 de agosto de 2016.

Ex - Miembro de la Sociedad Mexicana de Tanatología.

Libros publicados: “Suicidio Infanto-Juvenil” - Cómo reconocer las Señales de Advertencia (Editorial Arandura. Año 2006); “El Suicidio - Un grito silente (Imprenta Tradinco. Año 2017). Disertante en múltiples eventos en varios países.

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