Para el legislador departamental, Laguarda “impulsó” desde su cargo “un modelo de crecimiento urbano intensivo, profundamente orientado al negocio inmobiliario y a la expansión privada, sin construir al mismo tiempo una estrategia seria de desarrollo sostenible, equilibrio territorial ni calidad de vida para la población de Maldonado”.
Urdangaray entiende que esa política derivó en “problemas de crecimiento, de movilidad, saturación del tránsito, crisis ambientales” y “una sensación” de que Maldonado “creció de manera desordenada”.
El legislador opositor dijo que en Maldonado los “servicios públicos que nunca crecieron al mismo ritmo de las inversiones” y puso como ejemplo que “no se desarrolló una política seria de transporte público metropolitano”.
Urdangaray expresó que en “cuestiones ambientales” sus “críticas son iguales de profundas y válidas”, ya que entiende que la gestión de Laguarda “priorizó lo económico, lo inmediato sobre la protección del territorio”, permitiéndose “avanzar sobre las áreas sensibles, aumentar densidades y consolidar procesos de urbanizaciones que incrementaron la presión sobre ecosistemas costeros, humedales y recursos naturales”.
“La gestión de Laguarda”, entiende el legislador, “terminó simbolizando una forma de gobernar donde el desarrollo inmobiliario tuvo más influencia que los propios vecinos del departamento de Maldonado”.

