*) Prof. José Luis Corbo

“Cada momento histórico trae una visión particular que cambia en función de los significados del trabajo, del conocimiento y de las influencias de un complejo conjunto de prácticas sociales. Los conceptos de cuerpo, salud, predominantes en la cultura, así como las formas de organización política y social determinan una serie de condicionantes que influyen en el desarrollo e inserción de las prácticas corporales y motrices en la perspectiva educativa y socializadora.”  (Rozengardt, R. 2010)

El debate en cuanto a “lo educativo” del deporte es un debate amplio, ambiguo, obviamente abierto y en construcción permanente. Su abordaje requiere bastante más que una problematización liviana y las formas que se construyen en relación con el tema son en extremo complejas.

Asumimos en este sentido un problema tal vez de vigilancia epistemológica… Existe una diversidad de saberes coloquiales que parecen validarse por su mera repetición, llegando inclusive a cuestionar saberes de orden académico. Lo que nos parece incuestionable en todo sentido, y en palabras de Velázquez Buendía, es el valor del deporte en tanto legado cultural y la necesidad imperativa de cuidarlo, pensarlo, construirlo y reconstruirlo en dicho sentido.

Sabemos y hemos mencionado los orígenes un tanto oscuros del deporte moderno, así como su carácter adoctrinante, sus formas reproductivistas y el mensaje oculto detrás de los famosos “valores del deporte”. Para Brohm (1978) el deporte surge como un aparato ideológico que reproduce en su estructura los rasgos de ciertas formas sociales que privilegian a un determinado sector y que necesitan mantenerse para reproducir condiciones de producción.

Es concebido, por tanto, como un reproductor claro de hegemonía y desigualdad social, un instrumento al servicio del status quo. “No cabe concebir, que sigan vigentes procesos de iniciación deportiva en particular, ni de educación en general, cuyo propósito se limite a reproducir y transmitir un sistema de creencias, conocimientos, valores, ideas, símbolos… a los que, por otra parte, cabe atribuir en la actualidad una dudosa continuidad temporal como si se tratase de formar ciudadanos que han de convivir en sociedades y culturas apenas mutables” (Velázquez Buendía, 2004).

Más cerca en la historia, otros usos del deporte con fondos y formas diversas han manchado los libros y se han borrado de la memoria de los historiadores con el propósito de no demonizarlo. Un ejemplo, en el fútbol, es el “partido de la muerte” durante la segunda guerra mundial, en el cual un equipo de prisioneros de guerra elige la muerte antes que la derrota en un partido pensado con intenciones claramente chovinistas.

Este chovinismo se visualiza hoy en día entre países que se declaran enemigos acérrimos pero que jamás se han enfrentado en otras contiendas que no sean las de orden deportivo.

En la actualidad, el deporte es usado de diversas formas que esconden, en su propia práctica, construcciones acerca del mundo, de la sociedad y de la cultura que, si bien no alcanzan los niveles que otrora alcanzaron, se presentan bajo discursos atractivos, pero poco creíbles de ser analizados en profundidad. Nos interesa en este caso particular, el tema de la democratización del deporte. No sólo el mensaje que esconde el título, sino las formas de pensarlo y presentarlo.

A nivel político y a toda escala -micro y macro-, parece ser que la democratización pasaría por el simple hecho de llevar el deporte a los barrios más carenciados. Bajo estos supuestos la construcción y el cuidado de espacios para uso deportivo y el préstamo de materiales a la población garantizaría a los sujetos que allí habitan, un acceso ilimitado y disfrutable a ese legado cultural que es el deporte.

Desconocemos en este sentido, que los factores que limitan el desarrollo del deporte para esas poblaciones no son relativos al deporte y a su práctica en virtud de la necesidad de espacios, sino que las condicionantes son exógenas y lo que impiden no es solamente el acceso al deporte, sino que limitan antes que nada la capacidad de los sujetos para intervenir en esas formas de espacios culturales en los que difícilmente convivan, por ejemplo, el hambre y el fútbol.

Es cierto también que cada deporte es construido en su espacio y que cada cultura deportiva es única y particular. Pero también es cierto que esa construcción no es impermeable a esos factores a los que hacemos referencia y que son ellos los que en definitiva condicionan igual o más que la propia cancha.

Una segunda forma de democratización dudosa se visualiza hoy en las instituciones educativas formales. De un tiempo a esta parte, empresas generalmente de orden internacional y no vinculadas al deporte, organizan campeonatos en los cuales conviven escuelas públicas y colegios privados del país.

Prima en estas formas el carácter elitista y seleccionador casi desterrado de las escuelas -si es cultura es de todos y no de los más hábiles motrizmente- que recuerda los orígenes piramidales de la escuela y del propio deporte moderno. Una especie de deja vu de las public schools inglesas.

Lo interesante no es lo poco creíble de las políticas empresariales que nos venden su falsa filantropía en esas formas livianas de sometimiento deportivo -convengamos que los colegios tienen escuelas deportivas del orden casi que de una federación- sino la falta de análisis que nos debemos los docentes que muchas veces accedemos a participar bajo la falsa promesa de la igualdad de condiciones para nuestros niños.

Es importante tener presente también que así lo hicieron los ingleses porque así lo pensaron. El mensaje oculto lo construyeron ellos, intencionalmente. Nos debemos por lo menos una reflexión y un análisis crítico, necesariamente ideológico, para no someter a nuestros niños a prácticas que, en gran cantidad de casos, excluyen y alejan mucho más de lo que democratizan, dejando en manos de los mismos, la construcción y el cuidado de nuestro valioso legado cultural.

 

*) Licenciado en Educación Física (ISEF Udelar). Entrenador de fútbol (ISEF-Udelar). Actualmente cursando la Maestría en Didáctica de la Educación Superior (Centro Latinoamericano de Economía Humana).

Director coordinador de Educación Física, del Consejo de Educación Inicial y Primaria/Administración Nacional de Educación Pública. Maldonado-Uruguay.

(ANEP/CEIP). Integrante de la línea “Políticas Educativas y Formación Docente.

Educación Física y Prácticas Educativas”, adscripta al grupo de investigación sobre La Educación Física y su Enseñanza.

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