Jose Ignacio Bonilla Magno había sido herido por otro recluso el 18 de junio, pero dejó de existir en las últimas horas.Jose Ignacio Bonilla Magno había sido herido por otro recluso el 18 de junio, pero dejó de existir en las últimas horas.La agresión, a la postre mortal, fue protagonizada por otro interno del penal el 18 de junio pasado. El ahora fallecido, se encontraba internado pero no pudo recuperarse de las graves lesiones recibidas.

 

El Ministerio del Interior, informó la mañana de este jueves que un interno de la Unidad N° 13 de Las Rosas, dejó de existir en las últimas horas a raíz de las graves lesiones sufridas el viernes 18 de junio, durante un incidente con otro recluso que fue plenamente identificado.

El fallecido era José Ignacio Bonilla Magno, de 26 años, quien estaba recluido desde el mes de mayo del año 2017 por una violenta rapiña. El caso es investigado por la Fiscalía de 4° Turno de Maldonado, que deberá establecer el grado de responsabilidad del agresor.

Sus antecedentes

El viernes 12 de mayo del año 2017, José Ignacio Bonilla Magno, por entonces con 22 años, cometió una violenta rapiña en perjuicio de un taximetrista que operaba en la parada del barrio Cerro Pelado de Maldonado, delito por el que se encontraba en estos momentos en la cárcel de Las Rosas.

Protagonista de otros hechos insólitos, sobre la hora 6.00 de aquella jornada se presentó en el destacamento policial de Cerro Pelado para que le llamaran un taxi. En la parada que está ubicada a pocos metros de esa dependencia, muchas veces no había unidades aunque estaban a la orden vía telefónica.

Con un grado de inconsciencia absoluta y sin pensar que sería fácilmente ubicable porque mucha gente lo conocía, José Ignacio Bonilla Magno solicitó el servicio. Solamente unos minutos más tarde, dentro de la unidad pidió al obrero del volante que lo trasladara a la policlínica del barrio.

A pocas cuadras, extrajo un arma blanca y comenzó a atacar al trabajador, provocándole una serie de cortes. Aunque el taximetrista le entregó el dinero que tenía, unos $ 1.000, el delincuente casi fuera de sí por efectos del alcohol y las drogas que había consumido, lo siguió atacando.

Detenido el coche, Bonilla Magno descendió y huyó a pie, mientras el trabajador se trasladó por sus propios medios a un centro asistencial de Maldonado, donde fue asistido por las heridas recibidas e informó al dueño del coche y a la Policía sobre lo que había ocurrido.

Pocas horas más tarde, personal de Investigaciones de Zona 2 pudo establecer en base a testimonios de testigos, quien había sido el autor. Aunque durante toda la jornada lo estuvieron buscando, incluso en su domicilio del propio barrio Cerro Pelado, no pudo ser ubicado.

Consciente de la gravedad del ataque que había perpetrado y sabiéndose buscado por toda la Policía, José Ignacio Bonilla Magno, decidió al día siguiente presentarse voluntariamente ante la seccional policial 1ª del centro fernandino, de donde fue derivado a Investigaciones.

La Jueza Penal de 4° Turno de Maldonado, lo envió a la cárcel, imputado como autor de un delito de rapiña especialmente agravada por el uso de arma, en concurrencia fuera de la reiteración, con un delito de lesiones personales especialmente agravado.

En octubre de 2015, este mismo joven fue protagonista de un hecho insólito que fue noticia a nivel nacional por sus características: no solo robó dentro de un Juzgado Penal de Maldonado, sino que la víctima fue la propia abogada que lo estaba asistiendo por otro caso.

El particular hurto ocurrió dentro de la sede Penal de 2° Turno, desde donde se requirió la presencia policial por el robo del teléfono celular de una abogada que estaba asistiendo a Bonilla Magno en una audiencia. Personal de Investigaciones entrevistó a la víctima y a su cliente.

Bonilla, por algunos minutos había quedado solo en una habitación donde estaban distintas pertenencias de su abogada. Era imposible que alguien pudiera haber ingresado a ese lugar sin ser visto, por lo cual todas las miradas se centraron en el joven que por entonces tenía 20 años.

Tras admitir el robo, dijo que ya había vendido el teléfono a un vecino menor de edad. Finalmente fue procesado con prisión, imputado por un delito de hurto especialmente agravado por haberse cometido en un establecimiento público, en este caso nada menos que en un juzgado.

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