Asistidos por sus respectivos abogados, este viernes comparecieron en la sede Penal de 4° Turno de Maldonado, los padres de Felipe Romero Pérez (10), ultimado en Villa Serrana (Lavalleja) el 21 de abril pasado por un entrenador de fútbol infantil que un día antes lo llevó de la escuela a la que asistía. El caso sería archivado.

Primero se hizo presente en la sede a cargo de la doctora Adriana Morosini, la madre de Felipe, Alexandra Pérez, en tanto más tarde compareció Luis Romero. Ambos fueron informados sobre los resultados de las distintas pericias realizadas en el ITF y de las distintas actuaciones.

Fernando Adrián Sierra López, de 32 años de edad, ultimó a Felipe de un balazo en la sien y luego se auto eliminó de la misma forma. Por otra parte, los peritajes confirmaron el primer informe forense, que daba cuenta que el pequeño era abusado sexualmente.

Más allá de la información que recibieron los padres del infortunado niño, la que había sido solicitada formalmente en el caso del padre, la Fiscal que trabajó en la causa, doctora Sabrina Flores, pidió a la jueza Morosini el archivo del expediente sin otras consecuencias.

La decisión fue tomada en virtud de que a lo largo del proceso, no se encontraron elementos como para iniciar acciones contra otras personas del entorno del niño. Ni siquiera contra la madre que estaba a cargo de Felipe y pudo haber tenido alguna responsabilidad.

Cabe recordar que, si bien no había dudas respecto a quien lo había ultimado en Villa Serrana, la Justicia procuró saber si hubo otro tipo de responsabilidades en lo ocurrido, por lo que indagó a docentes de la escuela de Felipe, a su madre y a otras personas cercanas al asesino.

Inesperado

En el entorno de la hora 9.30 del sábado 22 abril, cuando el operativo de búsqueda de Fernando Adrián Sierra y Felipe Romero se intensificaba en la zona de Villa Serrana, Lavalleja, los efectivos que participaban se encontraron sorpresivamente con el escenario menos deseado.

A unos 750 metros de donde Sierra López había dejado abandonado el automóvil que conducía, en una quebrada y en medio de una espesa vegetación, estaban los cuerpos, uno encima del otro, del entrenador de futbol infantil y del pequeño que él decía amar como si fuera su hijo.

Todo indicaba que el desenlace había ocurrido en las últimas horas del jueves 20, apenas el individuo llegó a esa zona con el pequeño, al que a media tarde había retirado de la escuela 2 de la ciudad de Maldonado. Eligió un lugar que ya conocía y al que iba con frecuencia.

Sobre la hora 15.00 de aquel jueves, Fernando Sierra, se presentó en la escuela N° 2 de Maldonado a retirar a Felipe, como lo habría hecho en otras ocasiones. Sin embargo, dos horas más tarde la madre del pequeño llegó al centro educativo a levantarlo y no se encontraba.

La mujer radicó denuncia en la seccional 12ª de La Barra, porque en esa jurisdicción se domiciliaba el hombre y podría estar en su propia casa. Fernando Sierra había dejado su auto (un BYD) y alquiló un Chevrolet Prisma, que luego fue encontrado en Villa Serrana.

Desde ese momento se radió el pedido de búsqueda del hombre y el coche incluyendo el cierre de fronteras. El vehículo y sus ocupantes fueron vistos por última vez a través de cámaras de video vigilancia, a la altura del cruce de las rutas 39 y 9, al Norte de la ciudad de San Carlos.

Sierra pretendía ocupar el lugar de “padre” del niño y nunca mantuvo una relación más que amistosa con su madre. Poco antes del terrible desenlace, una psicóloga de Sanidad Policial había alertado a Alexandra Pérez de la necesidad de alejar a Felipe de aquel hombre.

La mujer lo hizo hablando cara a cara con el entrenador de fútbol infantil. Ese habría sido el punto de quiebre para que el individuo tomara la decisión de secuestrar y matar a Felipe. Era muy probable que las “actitudes” del niño tuvieran que ver con que estaba siendo abusado.

Hoy, persisten muchas dudas, porque Felipe no era el único niño con el que tenía contacto Fernando Sierra. Aunque con él llegó incluso a viajar fuera del país, otros niños solían ir a su casa en La Barra, donde compartían “hamburguesadas” o largas charlas mirando televisión.

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