*) Prof. José Luis Corbo

“El sistema social está adquiriendo una forma en la que descubrir lo que quieres hacer es cada vez menos una opción, porque su vida es demasiado estructurada, organizada, controlada y disciplinada.” (Noam Chomsky)

Un fenómeno que seguramente puede llamar la atención hoy día, es el del incremento considerable de las personas que realizan ejercicio físico. No necesariamente deporte, como decimos coloquialmente y refiriéndonos a todo lo que involucra movimiento -deporte es otra cosa-, sino prácticas asociadas a la condición física general, esencialmente vinculadas a la mejora de las llamadas capacidades condicionales (resistencia, fuerza, flexibilidad y eventualmente la velocidad como capacidad mixta -condicional y coordinativa).

Este proceso responde a varios factores. Entre ellos podemos mencionar algunos como la prescripción médica o la simple intención de mejorar los hábitos de vida.

Si bien para los que trabajamos en el área es reconfortante que pasen estas cosas, asumimos también que cada una de esas prácticas inicialmente construidas por sujetos, van conformándose en tanto prácticas culturales y adquiriendo a la vez que dan forma, los rasgos distintivos de cierta cultura -y no otra-, naturalizándose y conformando la estructura social la cual, y a partir de allí, dispone de ellas.

Es decir que, y refiriéndonos particularmente al tema de los “runners” -corredores amateurs-, cada construcción en torno a la práctica será definida con matices particulares, construyendo desde ella una cultura runner única e irrepetible.

Dicho de otra forma, cada grupo funcionará de acuerdo con una estructura interna que determinará, entre otras cosas, la forma en que se relaciona con el resto, la forma en que interpretan sus acciones en relación con las competencias y el lugar simbólico que cada sujeto ocupa en ella misma y en el afuera.

Es así como, en la medida en que esos grupos se consolidan y los espacios para las prácticas crecen, las formas de la cultura global se han ido apropiando inevitablemente de ellas, transformándolas en algo más de la cultura del consumo.

Se contaminan así dichos espacios de tal forma que aparece, sumada a las estructuras internas, una suerte de regulación exógena, un poder de origen macro económico que, con formas de manipulación encubiertas, ha transformado a las carreras originalmente recreativas en espacios de consumo desmedido llegando incluso, quienes participan de ellas, a atentar contra su propio cuerpo.

Podemos decir que ha operado sobre las carreras de calle el fenómeno de la “deportivización”, hecho por el cual una actividad originalmente pensada para el esparcimiento y la mejora de la condición física, ha adquirido matices deportivos que la han transformado en espacios de carácter agonístico en los cuales los corredores no sólo compiten contra el resto, sino que lo hacen, y de forma mucho más desmedida, contra ellos mismos.

Vemos de esa forma sujetos que hasta la adultez no se vincularon al ejercicio físico, pero que hoy son poseídos por la fiebre runner, desconociendo -o evadiendo- los efectos secundarios que el abuso de la acumulación desmedida de kilómetros, la técnica de carrera incorrecta o el impacto reiterado puede provocarles.

En esta línea y vinculando el fenómeno a las formas de consumo, parece imposible hoy, cruzarnos en una carrera con un verdadero runner que no tenga las zapatillas de marca, las medias de compresión, los shorts especiales, el GPS, el pulsómetro, la remera “dry fit” que la propia marca que organiza la carrera le vendió y cuanto elemento le hayan hecho creer los medios de comunicación masiva y su propia cultura runner que tiene que ponerse arriba para poder correr. Porque parece que correr te transforma en mejor persona, pero sólo con determinada marca deportiva.

No vamos a hacer un ensayo describiendo cómo la cultura del consumo nos manipula. Dejemos eso a Chomsky. Lo importante aquí es revalorizar nuestro rol como educadores asumiendo que, de una forma u otra, es impostergable que, así como asumimos ser parte del fenómeno, es poco menos que indispensable tomar conciencia de él.

Es tan importante realizar actividad física como asumir críticamente que no todo lo que nos venden es tan necesario como nos dicen, ni tampoco es tan apremiante el bajar el tiempo en cada carrera. Porque si hay algo que está claro que no es salud, son este tipo de prácticas ilógicamente deportivizadas.

*) Licenciado en Educación Física (ISEF Udelar). Entrenador de fútbol (ISEF-Udelar). Actualmente cursando la Maestría en Didáctica de la Educación Superior (Centro Latinoamericano de Economía Humana).

Director coordinador de Educación Física, del Consejo de Educación Inicial y Primaria/Administración Nacional de Educación Pública. Maldonado-Uruguay.

(ANEP/CEIP). Integrante de la línea “Políticas Educativas y Formación Docente.

Educación Física y Prácticas Educativas”, adscripta al grupo de investigación sobre La Educación Física y su Enseñanza.

*) Psic. Forense Adriana Savio Corvino

Si continuamos con cifras de alarma internacional, y los índices de natalidad uruguayos no ascienden, podríamos predecir que en 10 años aprox. nos quedaríamos con un país vacío y sin gente… se perdería casi un 1% de la población total de nuestro país, únicamente por causales de suicidio.

No habilitar a que se difundan valores de suicidio, no estamos permitiendo que las victimas pidan auxilio.

Las últimas cifras de suicidios según observatorio del Min. del interior son alarmantes: 53 uruguayos se quitan la vida por mes y Uruguay lidera la tabla de países con más suicidios de toda Latinoamérica. En los últimos 60 años nuestro país, escaló un 60% de tasa en suicidios, sumando un 10% cada año, lo que nos conduce a las cifras de alarma pública actuales.

Durante el 2016, 18 uruguayos de 100mil se quitaron la vida expresando el índice y tasa record en suicidios de Latinoamérica en los últimos tiempos. Según el Ministerio del Interior por mes 2 mujeres mueren en manos de familiares o parejas, hay 20 víctimas de homicidio y 38 fallecen en accidentes de tránsito. Sin embargo los 53 que se suicidan siguen liderando la lista siniestra nacional.

Cada 3 días se suicidarían 2 personas y de esta población el 75% son varones. Hay una clara marca en el género masculino que por cuestiones sociales aparentemente soporta “mucha presión”, no puede “expresar” ni llorar, lo que claramente le juega en contra en estos casos, pues es la expresión del malestar lo que puede hacer salir adelante.

Es importante destacar que la población que debemos mirar y seguir con más precisión no es la diagnosticada con depresión o cuadros similares, sino LA AÚN NO DIAGNOSTICADA O ATENDIDA. Es la población que no asiste a consulta médica, que piensa que “puede” seguir adelante “resistiendo” y “sobre adaptándose” cuando esto es lo que genera los desgastes extremos, que cuando van a ser intervenidos, ya es demasiado tarde y la persona se agotó y decidió lo peor.

Esta población que es preciso identificar desde lo familiar cotidiano y público, es fundamental atender incluso por lo clínico ya que un paciente depresivo potencial tiene movilidad mental y física aún; cosa que un paciente depresivo diagnosticado o avanzado en dicha patología no manifestará y por ende tampoco tendrá entonces el libre albedrio de decidir quitarse la vida, pues no cuenta ni con las fuerzas psíquicas ni físicas para hacerlo.

¿Por qué nos sucede a los uruguayos esto? Suicidología Forense en el Uruguay

¿Cuándo fue que dejamos de movernos para seguir viviendo?

Si me preguntan acerca de mi percepción antropológica clínica y forense con relación a este fenómeno, puedo decirles que la población uruguaya sufre hoy un masivo “síndrome de oveja perdida”, algo que se conoce con dicho nombre en el ámbito de la neuropsicología y etología comportamental animal de la cual tenemos aún mucho más de lo que creemos.

La oveja que pierde su manada, pierde su sentido y por supervivencia tenderá a dejarse caer dormida o paralizarse con el fin de que su manada la vuelva a hallar.

Por eso, cuando nos comenzamos a deprimir empezamos a desear estar más quietos, pasivos, y tendemos a engordar. El objetivo es que aquello que “perdí” e interpreto que otorga sentido a mi vida, vuelva a encontrarme. Por esta razón no hay que preguntar ¿cuándo la persona se deprimió?, sino más bien ¿cuándo la persona dejó de sentir que era importante SEGUIRSE MOVIENDO?.

Habitualmente son muchos los uruguayos que están viviendo una crisis de “sentido por la vida”; el no saber para qué sirvo o para qué sigo viviendo es una clave que hoy es denominador común en la vida de unos cuantos. Estos son los casos que debemos observar de cerca, ya que de esta percepción vivencial llamada “muerte psíquica” se deriva muy rápidamente a entrada de cuadros depresivos más importantes que pueden cerrarse más tarde en intentos de autoeliminación o suicidios consumados.

Es muy probable que nuestro conocido o familiar, comience antes de ingresar a estas etapas más deprimidas, a expresar en su forma de hablar y emitir opiniones pensamientos acerca de la muerte, o referencias acerca de cuánto podría facilitar los problemas de su vida que él o ella no estuvieran vivos o demás.

Todas estas expresiones son definidas por la OMS como “suicidios verbales, donde la persona ya nos está hablando acerca de la posición de consideración y valoración en la que pone su vida.

Central es el tema de la autoestima, y la autovaloración, pero esto no es cuestión únicamente cuantas personas que sobreviven por años situaciones de violencia intrafamiliar, violencia doméstica, abusos, maltrato, acoso laboral, etc.

Centros de Salud nacional más comprometidos, controles de intentos y más campañas anti tabúes

Nuestro país hoy requiere más indicadores de recepción de datos en intervención temprana de suicidios en Atención primaria de la Salud. Cuando el paciente ingresa por cualquier causal, también consultar por su estado de ánimo.

A su vez mayor responsabilidad en cuanto al seguimiento de casos de intervención temprana. Grupos de trabajo e intervención a nivel del sistema sanitario público y privado, y desmitificar también desde lo médico el mito del suicidio y del silencio que hay que generar sobre él. “El contagio” del suicidio como acto es FALSO.

No es real, e incluso se sabe científicamente que no lo es como tal. Lo único que debe ser cuidadosamente expresado son los “métodos” de suicidio empleados que si pueden inducir a poblaciones que deseen copiarlos. Pero los valores y cifras nacionales deben ser difundidas para concientizar a la población y hacerla reconocer por la positiva o negativa el VALOR DE LA VIDA DE TODOS.

Sociedad Laica y Falta de Fe…el uruguayo no cree en nada…

También es cierto que Uruguay hoy y más que nunca, falla en LA FE. Somos una sociedad laica y las creencias o religiones no sostienen por precepto la vida de todos. Esto es importante ya que el Uruguay es una sociedad sin fe oficializada.

La fe es un sentido a pesar de que se trate de creencias y en la mente del ser humano es central a la hora de definir temas como el suicidio.

No somos nosotros y nuestras circunstancias… solo somos nosotros y hay que seguir.

Uno no es la vida que le toca vivir, debemos aprender a separarnos de las circunstancias pues nosotros no somos lo que sucede sino quienes vivimos en esa situación. Esta diferencia es central, pues cuando suceden cosas como despidos, abandonos, crisis, hay que poder separar y evitar irse con la corriente de lo que estamos viviendo y nos angustia.

Pensar en quitarse la vida es quitarse del mundo para no poder “volver” a ver ni siquiera cuando las cosas se solucionen a futuro…

No eres tú el problema, de ti partirá la solución que busques y sí existe una; lo que nunca podemos habilitar a pensar es que “desapareciéndonos” del problema, el problema se solucionará mágicamente, pues esto no es cierto. Si uno se quita la vida para no ver o afrontar un problema, tampoco estará presente para disfrutar cuando el problema se haya solucionado finalmente.

Hay una diferencia entre dejar de vivir en una vida de sufrimiento a desear dejar de vivir; muchas veces interpretamos mal y creemos ser el problema nosotros cuando en realidad el problema real, son las circunstancias en las que vivimos que no se solucionarán desapareciendo sino modificándolas con nuestra existencia y continuidad.

El compromiso es de todos, como sociedad civil, como país, como gente; hay dos cosas en la que el ser humano es semejante a todos los demás y ellas son, en el sufrimiento y en la humanidad de su existencia. Por eso, TODOS PODEMOS AYUDAR a conocidos, extraños o familiares.

Cuidemos entre todos a nuestros pares; el odio y la indiferencia aquí son el veneno que promueve el silencio ante una realidad que es la que hoy, se quitan la vida más uruguayos por mes y año, que aquellos que tienen la desgracia de morir en accidentes de tránsito.

Querámonos un poco más y cuidemos al otro, no cuesta nada y hará una gran diferencia!.

*) Especialista en Psicología Forense y Psicología Criminológica – Perú. Maestrado en Derechos de la Infancia, Adolescencia y Políticas Públicas -  UdelaR. Promotora DDHH Mec. Directora del Instituto de Psicología Forense del Uruguay (I.C.P.F.U.)

Por contacto con la Psic. Forense Adriana Savio, como para información acerca de cursos conferencias y charlas forenses contactarse con el teléfono +5928 091 434 174, WhatsApp, o al correo electrónico Esta dirección de correo electrónico está protegida contra spambots. Usted necesita tener Javascript activado para poder verla. .

*) Psic. Manuel Froilán Zavala Ayala

María siente el sabor amargo del vacío, de la nada, de la impotencia y del dolor… las lágrimas corren a través de sus mejillas. Lleva un hermoso ramo de flores entre sus manos, y clava su mirada en el piso.

Su mirada penetrante llega a una pequeña cajita de cedro de un poco más de medio metro. Levanta los ojos al cielo soleado, como si la naturaleza hiciera caso omiso a las sombras que invaden su corazón. La mente de María retrocede muchos años atrás, a esa terrible noche en que su vida cambió para siempre.

Todo sucedió una noche de otoño. María dormía cómodamente en su cama. Repentinamente escuchó los gritos de Alejandro, su pareja, quien comenzó a llamarla a gritos… ella comenzó a temblar. Alejandro se acercó a la cama y ella pudo sentir el olor a alcohol que lo impregnaba. Otra vez estaba borracho… y ella sabía lo que eso significaba.

El la miró, observó, y sus manos ásperas y toscas se ciñeron a ella con terrible crueldad y rudeza. María cayó al piso por la fuerza descomunal de su agresor, quien la arrastró escaleras abajo gritándole insultos y palabras de todo tipo y calibres. Todo su cuerpo sufrió los golpes de la brutal caída, hasta que llegó al piso de abajo.

El hombre que juró amarla y protegerla, comenzó a golpearla salvajemente. María oyó el sonido de una caldera y sintió que un chorro caliente le mojaba la cara. De pronto los golpes navegaron de su cara a su vientre, y mil puntapiés se estrellaron sobre ella.

Comenzó a gritar: ¡No por favor, no!!!... Pero era demasiado tarde. María se sintió sobre un suelo pegajoso y húmedo, y vio como un líquido rojo se escurría por todas partes. Un dolor agudo le oprimió el vientre, y le desgarró las entrañas. Comenzó a gritar pidiendo ayuda y tratando de proteger su vientre de los golpes, mientras Alejandro seguía pegándole hasta que perdió la conciencia.

Despertó en el hospital, mientras llevaba las manos a su vientre. Trató de sentir al ser que gestaba dentro de sí, pero fue en vano; no hubo ningún movimiento. En ese instante lo supo. Su hija estaba muerta.

En cuanto al perfil psicológico de los hombres que llegan a cometer feminicidio la señal más evidente, es el control total que el hombre intenta ejercer sobre la mujer en todos los ámbitos de su vida; desde su forma de vestir, de arreglarse y relacionarse con los demás.

La descalificación y el maltrato psicológico, son las armas más comunes que mantienen a la mujer dentro del círculo de la violencia. Por lo general, los agresores intentan alejar a la mujer de su familia y de sus amigos para que no tenga redes de apoyo que le permitan salir del círculo de la violencia.

Todo lo supervisan y controlan, desde preguntas tan sutiles como quién te está llamando, por qué te saluda ese hombre y por qué tardaste en llegar.

Estos son hombres que controlan el lugar donde están las mujeres, las horas de entrada y de salida de su trabajo, les revisan el teléfono y la cartera, y las llevan y recogen en todos lados con el pretexto de que quieren protegerlas.

Además, quieren tener hijos lo más rápido posible para crear un vínculo que sea más difícil de romper en el futuro. Por último, estos potenciales agresores hacen uso de la descalificación para mermar la autoestima de la víctima.

Estos hombres humillan y ofenden a la mujer, le dicen que no sirven para nada ni valen nada, que son una carga, que nadie las va a querer como ellos. Y poco a poco las víctimas se lo creen, hasta que sienten que no pueden vivir sin él.

 

*) Licenciado en Psicología, especialidad Clínica (con Habilitación Profesional del MSP). Miembro Honorario en el Área de Negociación Antisecuestro (gerenciamiento de crisis) del Grupo Halcón de la Policía Argentina

Especializaciones en Suicidología: Red Mundial de Suicidiólogos (Representante Nacional hasta el año 2.008); Red Iberoamericana de Suicidiólogos (Argentina).

Miembro de la Asociación Argentina de Salud Mental (AASM), desde el 10 de agosto de 2016.

Ex - Miembro de la Sociedad Mexicana de Tanatología.

Libros publicados: “Suicidio Infanto-Juvenil” - Cómo reconocer las Señales de Advertencia (Editorial Arandura. Año 2006); “El Suicidio - Un grito silente (Imprenta Tradinco. Año 2017). Disertante en múltiples eventos en varios países.

*) Prof. José Luis Corbo

 

“…la multitud, el elogio y el poder que se combinan para dar un sabor específico a la vida en el aula, forman colectivamente un curriculum oculto que cada alumno (y cada profesor) debe dominar para desenvolverse satisfactoriamente en la escuela” (Jackson, 1968).

… y parece escucharse cada vez más, el preocupante discurso del descreimiento político -realmente debería definirse como un descreimiento partidario, aludiendo a los sectores- que se usa discutiblemente como algo que realmente no es, pero que contiene, en su esencia, la expresión a primera vista inobjetable, de sujetos construidos para pensar justamente eso.

Expliquemos entonces lo que sucede y la lectura que deberíamos hacer sobre una realidad que debemos acostumbrarnos a enfrentar y problematizar o, de otro modo, dejar pasar hasta el punto de correr el riesgo de asumir la naturalización de dichos y hechos que no hacen más que afectar las relaciones sociales y promover legados culturales obsoletos y peligrosos que seguramente no deseamos los que nos vinculamos directamente con la educación.

La democracia, definida por la RAE como forma de poder político decidida por los ciudadanos es, por tanto, una representación pragmática de la expresión del pueblo que, asumiendo su obligación ciudadana, otorga a un grupo político configurado ideológicamente -o no-, la tarea de administrar los bienes públicos en función de las necesidades del propio pueblo.

Los tipos de democracia que a su vez surgen históricamente han sido varios, en función justamente de la línea ideológica de cada grupo de turno. En definitiva y resumiendo, lo destacable aquí es que el pueblo decide. Y si decide mal, tiene una nueva chance a los cinco años. Así funciona la democracia y así es popularmente entendida.

Hoy, en función de lo expuesto, estamos en posición de afirmar que el descreimiento político partidario, se significa en un descreimiento a los sistemas democráticos con los que convivimos desde hace casi treinta años.

Y una posible respuesta a este discurso, lamentablemente, son las dictaduras, contrapartida natural de los regímenes demócratas. Tal es así que, cada vez es más común encontrarnos con sujetos -generalmente de una misma generación- que sostienen las virtudes de la dictadura en oposición con las desgracias de la democracia que hoy vivimos -construida por todos-, esencialmente vinculadas a la inseguridad y al cambio en los valores que se suceden en la sociedad actual.

Lo interesante de todo esto es entender en qué punto influye la educación en esta lógica. Y parece bien sencillo. El mensaje implícito y explícito de los diseños curriculares que poblaron las aulas en dictadura configuró sujetos que en algún momento entendieron que la única forma de preservar el orden público es la represión y la violencia, que la mejor forma de resistir a lo irresistible es quedarse callados y olvidándose, ante lo improbable de la subversión, que es imposible desconocer que el que calla, otorga.

Sabemos que, más allá de lo enseñado, de lo prescrito en los diseños y de lo escrito en los cuadernos, subyace en toda práctica educativa, un discurso que configura el fondo ideológico de la propia acción de enseñar y que toma forma, en palabras de Jackson, bajo la lógica de un curriculum oculto que, durante muchos años, fue el campo de estudio para los críticos de la educación que asumen de forma acertada que no existe crítica sin análisis ideológico.

Es por tanto posible afirmar, desde nuestra perspectiva, que no es producto del azar ni de la desesperación por lo que hoy sucede en las calles, escuchar las voces de quienes afirman que “en dictadura vivimos mejor” y que no es serio etiquetar de ignorantes ni de fascistas a quienes lo repiten, porque no es más que un legado, el legado de un sistema político que, consciente o inconscientemente -convengamos que la mayoría de los planes de estudio de las dictaduras sudamericanas fueron sugeridos en el norte- construyó sujetos moldeados con esas formas, capaces de defender lo indefendible y de repetir y reafirmar que la violencia se combate con violencia olvidándose que, en palabras de Ghandi, “ojo por ojo, el mundo quedará ciego.”

*) Licenciado en Educación Física (ISEF Udelar). Entrenador de fútbol (ISEF-Udelar). Actualmente cursando la Maestría en Didáctica de la Educación Superior (Centro Latinoamericano de Economía Humana).

Director coordinador de Educación Física, del Consejo de Educación Inicial y Primaria/Administración Nacional de Educación Pública. Maldonado-Uruguay.

(ANEP/CEIP). Integrante de la línea “Políticas Educativas y Formación Docente.

Educación Física y Prácticas Educativas”, adscripta al grupo de investigación sobre La Educación Física y su Enseñanza.

*) Psic. Manuel Froilán Zavala Ayala

En los últimos años, se ha hecho hincapié en la importancia de subrayar los aspectos cognitivos interpersonales en la descripción del carácter del delincuente juvenil, como una prometedora vía tanto para establecer eficaces programas de prevención como para elaborar modelos educacionales que permitan una eficaz reeducación.

Juntamente con ello, las mayorías de los estudios descriptivos de la carrera delictiva señalan una serie de factores individuales y biográficos que caracterizan al delincuente juvenil y que llevan a la conclusión de que el delincuente juvenil es una persona con un gran conjunto de deficiencias.

Es difícil establecer un perfil riguroso de los jóvenes delincuentes, pero sí se pueden apuntar una serie de características personales y del entorno que dadas en un mismo sujeto pueden hacerlo propenso a delinquir.

El delincuente juvenil suele empezar su actividad delictiva, generalmente, entre los 15 y 17 años. La mayoría no ha completado el nivel de escolaridad básico. Es muy probable que él y su grupo de amigos sean consumidores de alcohol y de drogas y que tenga relación con otros jóvenes que hayan tenido alguna conducta delictiva. El delincuente juvenil suele formar parte o bien de una familia numerosa o bien monoparental.

Entre las principales características del delincuente joven, se mencionan: Impulsivos, con afán de protagonismo, baja autoestima, agresivos, dificultad a nivel de habilidades sociales, escaso equilibrio emocional, familia desmembrada, faltos de afectividad, consumidores de drogas, frustrados y con fracasos escolares.

Según la opinión de Vega (1994), "Define a la familia como el primer espacio de socialización del niño, que ejerce gran influencia en los patrones conductuales y relacionales con el mundo que lo rodea. Por tanto cuando la familia no desarrolla un vínculo funcional protector, promotor y armónico, puede sobrevenir la inadaptación”.

Asimismo, opina que las características familiares más frecuentemente asociadas con la delincuencia son: La “antisocialidad” de los padres, supervisión y disciplina ineficaz, desavenencias y falta de armonía familiar, pobres relaciones entre padres e hijos, familias numerosas y marginación social.

Atendiendo a sus rasgos peculiares de personalidad o de índole psicosocial, se señala tres categorías tipológicas de los menores delincuentes:

Una primera categoría de jóvenes delincuentes vendría definida por rasgos de anormalidad patológica, fundamentalmente:

1.- Menores delincuentes por psicopatías: aquí el punto de referencia lo constituye la existencia de alguna de las formas de psicopatía, entendida como la patología integrada, conjuntamente, de la incapacidad de quien la padece de sentir o manifestar simpatía o alguna clase de calor humano para con el prójimo, en virtud de la cual se le utiliza y manipula en beneficio del propio interés, y de la habilidad para manifestarse con falsa sinceridad para hacer creer a sus víctimas que es inocente o que está profundamente arrepentido, y todo ello, para seguir manipulando y mintiendo.

Consecuencia de ello, es que el menor es incapaz de adaptarse a su contexto y actuar como tal, porque el trastorno de la personalidad que sufre, le impide inhibirse respecto de conductas o comportamientos contrarios a las normas.

El menor psicópata tiende a perpetrar actos antisociales según la orientación nuclear de la propia psicopatía, siendo de destacar en este sentido los actos que expresan frialdad y crueldad por parte del sujeto.

2.- Menores delincuentes por neurosis: la neurosis consiste en una grave perturbación del psiquismo de carácter sobrevenido y que se manifiesta en desórdenes de la conducta, pudiendo ser su origen muy diverso como fracasos, frustraciones, abandono o pérdida de seres muy queridos, etc.

Criminológicamente, el neurótico trata de hacer desaparecer la situación de angustia que sufre cometiendo delitos con el fin de obtener un castigo que le permita liberarse del sentimiento de culpabilidad que sobre él pesa, y esto es también válido para el menor neurótico, aunque sean muchos menos que los adultos.

3.- Menores delincuentes por auto referencias subliminadas de la realidad: aquí se incluyen los menores que, por la confluencia de predisposiciones psicobiológicas llegan a mezclar fantasía y juego de una forma tan intensa que empiezan a vivir fuera de la realidad. Es precisamente ese estado anómalo el que puede conducirlos a cometer actos antisociales.

La delincuencia juvenil es un problema real que no hay que minimizar y que no se resuelve bajando la edad de la imputabilidad porque es inherente a las sociedades en que vivimos, caracterizadas, entre otras cosas, por las desigualdades económicas y sociales.

La delincuencia juvenil es un problema con raíces económicas, sociales y culturales. Cualquier intento de resolverlo, requiere una fuerte y consciente organización y la participación de especialistas sensibilizados por el problema (educadores, psiquiatras, psicólogos, servicios sociales y juristas especializados, entre otros).

*) Licenciado en Psicología, especialidad Clínica (con Habilitación Profesional del MSP). Miembro Honorario en el Área de Negociación Antisecuestro (gerenciamiento de crisis) del Grupo Halcón de la Policía Argentina

Especializaciones en Suicidología: Red Mundial de Suicidiólogos (Representante Nacional hasta el año 2.008); Red Iberoamericana de Suicidiólogos (Argentina).

Miembro de la Asociación Argentina de Salud Mental (AASM), desde el 10 de agosto de 2016.

Ex - Miembro de la Sociedad Mexicana de Tanatología.

Libros publicados: “Suicidio Infanto-Juvenil” - Cómo reconocer las Señales de Advertencia (Editorial Arandura. Año 2006); “El Suicidio - Un grito silente (Imprenta Tradinco. Año 2017). Disertante en múltiples eventos en varios países.

*) Prof. José Luis Corbo

“Cuando pones la proa visionaria hacia una estrella y tiendes el ala hacia la excelsitud inasible, afanoso de perfección y rebelde a la mediocridad, llevas en ti el resorte misterioso de un ideal. Es ascua sagrada, capaz de templarte para grandes acciones. Custódiala; si la dejas apagar no se enciende jamás. Y si ella se muere, quedas inerte… sólo vives por esa partícula de ensueño que te sobrepone a lo real.”  (Ingenieros, J.  1913. El hombre mediocre)

Hace más de 20 años, cursando el penúltimo año de bachillerato me encontré, en mi clase de Filosofía, con un título que hasta el día de hoy me llama la atención: “La posmodernidad, el fin de las utopías”. En ese momento, con el envión inevitable de la caída de la Unión Soviética, y bajo la lupa de aquellas políticas educativas, recibíamos una única versión de la historia, entendida de igual forma por la Filosofía.

Jamás se nos aclaró, por temor encubierto a la rebeldía adolescente, que toda narrativa histórica no es más que una interpretación subjetiva de la realidad y que, de querer construir nuestra propia versión, es poco menos que imperativo conocer otras versiones, otras “verdades” que, en sus múltiples formas, promuevan el desarrollo crítico del sujeto, facilitándole herramientas de intervención social.

Ahora bien, aunque parece estar claro que el título insinuante no era más que un ataque directo a formas políticas diferentes de las que promovía el mundo globalizado, o los que manejaban ese mundo, lo interesante es analizar el mensaje encubierto que contiene esa afirmación.

En su momento, Galeano hacía referencia a la utopía como aquello que se aleja en la medida que me acerco, pero que necesariamente debe estar ahí, como motor necesario para ayudarnos a avanzar. Concepto similar el de Ingenieros, en cuanto a la necesidad de ese ideal interior que nos invita al ejercicio sostenido e inagotable de la búsqueda de la perfección.

Asumir que las utopías han caído, no es más que asumir que debemos resignarnos a la desigualdad social, a la miseria de algunos y los privilegios de otros, a los explotados y a los explotadores, al hambre, la guerra, el despilfarro absoluto y la concentración de la riqueza en los sectores más privilegiados. En pocas palabras, seguir como estamos y bajar la mirada, indiferentes ante nuestros pares y afanosos de pertenecer a los sectores de privilegio. Una suerte de sueño americano.

¿Y qué pasa entonces con los docentes?. ¿Para qué trabajamos?. ¿Es posible trabajar en la educación sin tener utopías?. Desde nuestra perspectiva, no hay forma de avanzar en la educación de un país, si no se describe claramente un proyecto social. En dicho sentido, parece impensable que eduquemos para promover desigualdades, más allá de que sepamos que hay y que, difícilmente, algún día no las haya. Pensar en un proyecto de justicia social, es pensar necesariamente en una utopía, y eso es justo lo que necesitamos.

Podemos tolerar el discurso de fijar objetivos reales, metas alcanzables que no sólo direccionen las propuestas sino que nos motiven también en el trabajo del día a día. Pero esos, los objetivos, no son más que los pasos de los que nos hablaba Galeano. Educar es una acción política validada moralmente, para la cual es necesario un motor potente que la empuje y que provea a su vez de las fuerzas necesarias a aquellos que asumen el desafío de estar ahí. Ese motor es la utopía.

En este sentido, asumiendo el carácter vocacional que debemos tener quienes tomamos el desafío, creemos que no es posible tener docentes sin utopías, así como tampoco docentes que promuevan el discurso otrora validado en secundaria. Los docentes debemos, necesariamente, revelarnos antes las necesidades de nuestros niños, sensibilizarnos ante la falta de sensibilidad y asumir de una vez por todas que nadie está abajo porque así lo decidió, sino porque es lo que le ha tocado.

El llamado es para aquellos que, al igual que nosotros, no perdemos las esperanzas ante tanta desesperanza, y decidimos dar esos pasos, con la llama inagotable de un ideal que, ante todo, se dedica afanosa y desinteresadamente, a la búsqueda de la aparentemente inalcanzable justicia social.

*) Licenciado en Educación Física (ISEF Udelar). Entrenador de fútbol (ISEF-Udelar). Actualmente cursando la Maestría en Didáctica de la Educación Superior (Centro Latinoamericano de Economía Humana).

Director coordinador de Educación Física, del Consejo de Educación Inicial y Primaria/Administración Nacional de Educación Pública. Maldonado-Uruguay.

(ANEP/CEIP). Integrante de la línea “Políticas Educativas y Formación Docente.

Educación Física y Prácticas Educativas”, adscripta al grupo de investigación sobre La Educación Física y su Enseñanza.

*) Psic. Manuel Froilán Zavala Ayala

“El dolor nos transforma y se transforma, es parte de la vida y la muerte pone fin a la existencia pero no al vínculo, a la relación que uno tiene con la persona que se fue y por eso lleva un proceso lógico que se debe transitar" (Bernardo Stamateas).

 

La muerte es parte del ciclo de la vida. Los seres vivos somos perecederos, e igual que nacemos, un día dejaremos de existir. La teoría la conocemos todos, nos parece de lo más natural hasta que nos toca experimentarla.

Ninguno de nosotros estamos preparados para afrontar la muerte de un ser querido. El hecho de que no lo volvamos a ver y escuchar, hace que nos revelemos e intentemos no afrontar su muerte, o buscar la manera de seguir en contacto con la persona desaparecida. Necesitamos un tiempo para entender, de forma razonada, qué ha sucedido y las consecuencias a afrontar. Debemos pasar el duelo.

Al principio del proceso de pérdida de un ser querido, se vive un gran vacío, todo se desvanece, queda como en suspenso y aparecen sentimientos de desesperanza, frustración, pena, ansiedad y confusión. También es posible que los familiares afectados, principalmente, sientan una sensación de injusticia insoportable y mucha rabia y enojo hacia el mundo en general.

Constantemente se preguntan “por qué” y es probable que aparezca un profundo sentimiento de culpa.

Las emociones, pasado el impacto inicial, son más profundas. Aparecen deseos de volver al pasado, de quedarse anclado en el tiempo, para evitar afrontar lo inevitable. Pero esto, querido amigo, no soluciona nada… al contrario, la única manera de liberar estos sentimientos es viviéndolos, dejándolos salir sin valorarlos ni retenerlos.

Con el tiempo, si el duelo ha seguido un buen proceso, se empieza a cambiar y se inicia un proceso de crecimiento personal. Se aprende a relativizar y la persona se angustia menos. Se gana en humanidad, flexibilidad y tolerancia, porque durante el recorrido se pierden muchos miedos.

La escala de valores varía; se comienza a dar más importancia a cosas sencillas que consiguen reconfortar… y se vuelve más solidario porque le cuesta menos enfrentarse al dolor ajeno. Es capaz de ponerse con más facilidad en el lugar del otro porque comprende mejor cómo se siente una persona que sufre. Esto la fortalece y la predispone a encontrar nuevos estímulos que le ayudarán a recobrar la ilusión por vivir.

Hay que afrontar todo el dolor por muy insufrible que parezca, sólo así se consigue volver a recuperar las ganas de vivir. Pero al mismo tiempo hay que estar abierto a cualquier manifestación de cariño por pequeña que sea porque si se cierra el corazón… la vida se seca. Entonces todo se apaga. Y la persona se queda sola, viendo como sus hijos, su pareja y su trabajo se desmoronan.

El proceso del duelo suele durar un tiempo relativo. Depende de muchos factores, como los recursos emocionales del doliente, y su capacidad de adaptación a las nuevas situaciones. Se vive de diferente manera si la muerte era o no esperada, o si se trata de un padre o un hijo.

Para los progenitores la muerte del hijo es más traumática, no están preparados para que desaparezca antes que ellos, lo que conlleva un peso mayor a la hora de afrontar la pérdida y el proceso. Por otro lado, la red de apoyos es fundamental. Recibir ayuda del entorno es importante para que el doliente se sienta protegido y comprendido.

Y lo que es muy importante, si usted tiene un familiar o amigo viviendo el proceso, ayúdele pero no le fuerce a superarlo.

Acompáñele en el camino, y trátele como le gustaría que le tratasen a usted.

*) Licenciado en Psicología, especialidad Clínica (con Habilitación Profesional del MSP). Miembro Honorario en el Área de Negociación Antisecuestro (gerenciamiento de crisis) del Grupo Halcón de la Policía Argentina

Especializaciones en Suicidología: Red Mundial de Suicidiólogos (Representante Nacional hasta el año 2.008); Red Iberoamericana de Suicidiólogos (Argentina).

Miembro de la Asociación Argentina de Salud Mental (AASM), desde el 10 de agosto de 2016.

Ex - Miembro de la Sociedad Mexicana de Tanatología.

Libros publicados: “Suicidio Infanto-Juvenil” - Cómo reconocer las Señales de Advertencia (Editorial Arandura. Año 2006); en proceso: “Estrés, Depresión y Suicidio”. Disertante en múltiples eventos en varios países.

*) Prof. José Luis Corbo

 

“…and if the clouds burst, thunder in your ears

you shout, and no one seems to hear

and if the band you're in, starts playing different tunes

I’ll see you on the dark side of the moon”

(Waters, R., 1973)

Entre los diversos dilemas a los que nos enfrentamos a diario y sobre los cuales solemos expresarnos, banalidades absurdas que repetimos desconociendo el sentido, hoy tenemos la sana costumbre de definir mal o bien a los sujetos por su carácter de “prácticos”.

Parece ser que, en el común de nuestras relaciones sociales, deambula la idea que quien posea este atributo, deberá ser venerado por su potencial ejecutor y su capacidad resolutiva en los múltiples espacios en que se relaciona.

Intentando reflexionar sobre de qué hablamos cuando hablamos de práctica, realizaremos un breve análisis, partiendo de nuestra idea en carácter de construcción cultural, y comenzando con la problematización del propio concepto.

La idea de práctico en la enseñanza nace como alternativa a las estructuras técnicas que configuraron los modelos didácticos tradicionales. De esta manera, pensarse y actuar de forma práctica, desplazaba a los docentes desde la monotonía apática de repetir recetas y memorizar saberes, a la dinámica desafiante de repensar la enseñanza y construir conocimiento.

En otras palabras, el docente práctico, analizaba su enseñanza y, en función de las relaciones lógicas que se sucedían en el propio recorrido, sostenía esa práctica al ejercicio de la reconfiguración, de forma de corregir el propio proceso. Es decir, analizaba lógicamente para reformular en función de los resultados evaluados.

Conceptualmente, estos procesos se vinculan al origen de la investigación-acción, a la fenomenología, sin ser la intención de estos nuevos modelos, el liberar al docente en cuanto a la acción transformadora vinculada sí, a los modelos críticos.

Durante mucho tiempo, e inclusive hoy en día, los modelos prácticos caen en una suerte de vicios que los invalidan de forma endógena. Si bien destacamos en la acción práctica una intención de reflexión sobre la propia acción de enseñar, y validamos su distanciamiento del tecnicismo, sabemos también que difícilmente alcanzará con validar prácticas sociales en base a la intención única de establecer relaciones lógicas.

Quien de forma sistemática apela a los modelos prácticos, cae en el inevitable abismo de sostenerse entre lo fenomenológico y lo autorreferencial. Dicho de otro modo, quien asume que si A es igual a B y B es igual a C, A es igual a C, seguramente asuma también que, lo que le sucedió a él, es lógicamente transferible a situaciones de similares características.

Tomemos como ejemplo lo que sucede en el ámbito de la Educación Física para profundizar aún más en el tema. Entremos en el eterno dilema teoría versus práctica. Generalmente los docentes con mayor experiencia en la enseñanza emiten juicios de valor sobre quienes recurren de forma habitual a referentes teóricos del área, con la intención de reconstruir sus ideas teóricas, buscando saberes que sostengan sus prácticas.

Estos últimos son tildados de teóricos y se los señala alejados de la práctica y, por ende, de lo práctico. Lo que sucede es que los que juzgan estas formas, generalmente son prácticos, fenomenológicos en el sentido real, en el que define la propia teoría, siendo también muchas veces y sin intención de generalizar, autorreferenciales: “lo que para mi funciona, funciona para todos, y lo que yo hago es lo mejor”.

Los segundos, los que problematizan la práctica construyendo y aportando a la producción de saberes y a la construcción y reconstrucción del conocimiento, son los que operan críticamente. Agregamos en el último ejemplo que quienes se jactan de ser prácticos y no precisar de la teoría, deberían tener presente que detrás de toda práctica subyace dialécticamente una teoría.

Podríamos decir en la escuela, que quienes enseñan a todos por igual y de forma memorística, asumen que todos aprenden de la misma forma y que hay un único saber válido que es el producido en la academia: esa es la teoría que subyace su práctica.

De igual manera y llevado al ámbito social, quien discrimina y reniega de la libertad de expresión, defiende -tal vez sin asumirlo y desde su calidad de sujeto histórico-, la represión y la intolerancia, producto de una construcción teórica que en algún momento adquirió.

Quienes reniegan de los críticos asumen como válida la sumisión y el control, así como la reproducción de las condiciones sociales de desigualdad y la injusticia social. No hay forma de pensar que no existe una construcción teórica que sostenga mis acciones.

En dicho sentido y desde nuestro lugar, apelamos a la necesidad de sostener nuestras acciones al análisis y la reflexión permanente, buscando validar moralmente toda acción pensada para la búsqueda de sujetos capaces no solo de interpretar, sino también de transformar, y apelando al impulso que nos ofrece la necesaria utopía del proyecto social por el cual trabajamos.

*) Licenciado en Educación Física (ISEF Udelar). Entrenador de fútbol (ISEF-Udelar). Actualmente cursando la Maestría en Didáctica de la Educación Superior (Centro Latinoamericano de Economía Humana).

Director coordinador de Educación Física, del Consejo de Educación Inicial y Primaria/Administración Nacional de Educación Pública. Maldonado-Uruguay.

(ANEP/CEIP). Integrante de la línea “Políticas Educativas y Formación Docente.

Educación Física y Prácticas Educativas”, adscripta al grupo de investigación sobre La Educación Física y su Enseñanza.

*) Mauro Mendiburu Benedetto

A mediados del año 2017, los investigadores Gabriel Oyhantcabal y Martín Sanguinetti, publicaron en la revista Problemas del Desarrollo un estudio sobre la evolución y distribución del valor agregado del agro uruguayo en el período 2000-2015.

Mencionan en dicho estudio académico, que el PIB del agro aumentó 42.5% en términos constantes, o sea, sin considerar el efecto precios, hasta 2013; para luego estancarse y descender en los años 2014 y 2015, coincidente con el fin de la euforia mundial por las commodities.

Son los años que reflejan un estancamiento (con tendencia a la baja) de nuestras exportaciones, las cuales vuelven a recuperarse un 9.2%, a valores corrientes en el año 2017.

La distribución entre los sectores sociales participantes en el proceso de generación de valor agregado rural marca que quienes más crecieron en el reparto de la torta han sido los terratenientes (reciben renta del suelo), quienes pasaron de apropiarse del 8% del total del valor al 16%, mientras que los capitalistas (reciben ganancias) redujeron su trozo de la torta de valor del 61% al 50%. El Estado se mantuvo en el período en el 7%, según este estudio.

Finalmente los trabajadores llegaron a alcanzar el 18% del valor generado en el período; sin embargo destaca el estudio que al final del período llegan a quedarse con el 24%, fruto del estancamiento de los valores a costa de los capitalistas. Es de subrayar, que los porcentajes implican en todos los casos mayores valores absolutos, fruto del crecimiento del PIB mencionado anteriormente.

En pocas palabras, los trabajadores se apropian de casi la mitad del valor agregado de los capitalistas, y a su vez éstos han perdido participación en manos de los primeros y de los terratenientes. Está claro que el período de estancamiento de valores ha hecho que los costos fijos (renta, salarios) o ajustados por variables nominales, terminen sopesando más que en momentos de alza.

No se comprenderían los reclamos actuales de productores rurales sea contra el Estado, que como se ve, es el capturador menor del valor agregado, y que bien o mal genera servicios como contrapartida. Esto es lo que da a pensar que la movida es de tinte político.

Por otro lado, resulta muchas veces incomprensible que un sector que ha aumentado su producto en 42.5%, se moleste con el partido político en cuyos gobiernos se ha vivido un auge sin precedentes.

Desde el punto de vista de la economía del comportamiento, el razonamiento viene dado por la “hipótesis de la experiencia extendida”, quienes más ricos son, menos les resulta placentero el consumo corriente; extrapolando, los capitalistas rurales ya no aprecian aquella renta que les resultaba más que adecuada cuando su maquinaria se encontraba prendada o sus ganancias afectadas por préstamos impagables.

Los términos de la discusión no hacen más que uruguayizar el tema, de modo que algunos componentes que verdaderamente deberían atacarse, como el retraso cambiario, terminen siendo desestimados por el Estado y los productores.

Quizá tengamos que esperar a un shock fuerte para que las dos partes del conflicto comprendan y definan cuál es la visión a largo plazo del agro de Uruguay, que seguramente no será un “País libre de aftosa sin vacunación” para rememorar el año 2000.

*) Es Master en Economía Financiera por la Univ. of London-SOAS, UK. Se desempeña actualmente como Profesor de Economía de la Universidad de la República (CURE-Maldonado) y de la Universidad Católica del Uruguay (Sede Punta del Este). Es asesor de inversiones financieras.

*) Enrique M. González Vilar Laudani

 

Pasadas ya unas semanas de la conmoción sufrida por toda la sociedad, a partir de los secuestros, violación y asesinatos de niñas y mujeres, me dispongo a releer las notas periodísticas, declaraciones de gobernantes y políticos y las opiniones autorizadas de médicos y científicos, acerca de la pedofilia, la violencia de género, los propósitos de las cárceles, el sistema judicial, las leyes y hasta la Constitución  Nacional.

El estupor, la bronca, el enojo, la indiferencia de algunos, el deseo de venganza, los derechos humanos de víctimas y victimarios, las declaraciones “políticamente correctas” y los gritos silenciosos de las destinatarias de estos hechos aberrantes, me hacen pensar bien las palabras que se agolpan en la boca, que se deslizan por los dedos hacia el teclado, para buscar un momento de reflexión, tal como piden los encumbrados políticos, para no dejarse llevar por las “pasiones humanas”.

Me viene a la mente también el crimen de Laura Daniela López, en Argentina, en el año 2000, el cual fue uno de los más brutales que se recuerden en la historia criminal de Bahía Blanca, Bs As. La violaron, la apuñalaron al menos 150 veces y le destrozaron la cabeza con un martillo. A su asesino lo condenaron a perpetua: pero está libre.

Todo esto gira por mi cabeza, al leer las declaraciones del Pte. Vazquez, quién dijo recientemente (luego de los casos de Valentina, Brisa y otros más) que no se pueden “tomar medidas a lo ligero, a lo apurado… y que hay que estudiar estos temas”.

También releo una nota del 25 de este mes: “Para la pedofilia -porque antes de ser homicidas los agresores son pedófilos- no hay ningún tratamiento de "tipo curativo", dijo a El Observador el doctor Santiago Cedrés, presidente de la Sociedad Uruguaya de Sexología e integrante del comité de acreditación de la Federación Latinoamericana de Sexología y Educación Sexual.

Y me pregunto cómo ha llegado el ser humano a desprenderse de tal manera de la racionalidad, de los valores, del respeto, para prevalecer de esta manera el animal que llevamos dentro.

Y al pensar en un animal, me remito a lo que sucede cuando uno de ellos, en estado salvaje, ataca a un ser humano. Enseguida se busca la manera de cazarlo, de matarlo, ya que se entiende, y se sabe, que una vez que probó la sangre humana, es imposible volver atrás. Nunca dejará de ser un asesino.

Mientras pienso en esto, me pregunto. ¿Será posible lo que dice el Dr. Cedrés?. ¿Acaso no hay posibilidad de retorno por parte de un pedófilo, sea este hombre o mujer?.

Leí en algunos de estos recorridos de opiniones, que la castración química, que los impulsos, que las pasiones, que se podría llegar a disminuir el número de víctimas de a poco… ¿Y la víctima?. ¿Y qué con el que le toque ser el “poco”?. ¿Dónde están sus derechos?. ¿Y de qué sirve la cárcel, si se vuelve a reincidir?. ¿Y sirve la cadena perpetua si vuelven a salir, y secuestrar, y violar y matar?. Y las leyes, y las discusiones, y los derechos humanos, y el sistema carcelario. Y mientras seguimos esperando, y los gurises siguen sufriendo, violentados, muriendo, viendo el horror de cerca, cara a cara.

No sé qué pensar. A ver lector; si usted tiene que elegir entre niños con la vida casi arruinada (porque la mayoría de las víctimas de abuso sufren heridas irreversibles) y el sacrificio de los adultos en estado salvaje para salvarlos de esto… ¿Qué haría?. ¿Y qué haría si fuere su hijo?. La pregunta está planteada. Yo tengo mi respuesta.

*) Periodista (Universidad Nacional de la Matanza - Bs. As. - Argentina). Director de Seminarios e Institutos en la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días para las sedes Morón, Quilmes y Merlo (todo en Bs. As.).

Docente y Profesor en religión para jóvenes de 14 a 30 años. Director del Programa de Becas Educativas (FPE) de la Iglesia en Instituto SEI Merlo. Coach y Orientador Educativo en el mismo Instituto.

Todo esto fue realizado desde 1986 a 2013. Coach de Vida y Facilitador de proyectos personales (Estudios con la Licenciada Graciela Sessarego - Venezuela).

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*) Prof. José Luis Corbo

“No es fácil educar, es decir aprender y enseñar saberes, cuando se nos ha borrado el horizonte y se nos movió el piso. Que fascinante puede ser enseñar y aprender saberes, sin embargo, cuando entendemos, como dice G. Steiner, que nuestro destino es abrir puertas, aunque no sepamos adonde nos llevan” (Cullen, 2011)

La liviandad del debate educativo actual, las formas en que se construyen y se validan discursos estructuralmente inválidos, y la forma en que la charla del boliche transita peligrosamente desde el fútbol a la educación, nos ubica a nosotros, los educadores, en la mira de quienes, con la buena intención de aportar a la construcción, opinan sobre lo nuestro de la misma forma en que el eterno paciente del hospital opina del médico desde el fundamento único de su propia experiencia.

Aparecen entonces de forma habitual, críticas al sistema educativo -esencialmente educación básica y media- y, por ende, al proyecto de construcción de ciudadanía en el cual todos nos involucramos, apuntando generalmente al eterno debate de para qué educamos, destacándose entonces dos visiones complementarias o contradictorias, según el carácter que se adjudique a la discusión.

Tomaremos entonces el cierre del ciclo del estudiante en educación media, secundaria, como el cierre parcial de un proceso educativo, para enfocar ahí el presente análisis.

Existen, por un lado, quienes promueven el carácter propedéutico de la educación media y que asumen, consciente o inconscientemente, que el ciclo de educación básica se resume al aprendizaje de ciertos saberes mínimos y necesarios -para todos- y que la educación media, secundaria, no sólo continúa el ciclo sino que, a su vez, y en función de lo que la lógica evaluativa demostró a los estudiantes, les otorga la “libertad” de elegir, para convertir el final de ese tramo educativo en un espacio “preparatorio para”.

De esa manera, es así como quienes triunfan en el sistema en el área biológica, asumen que su vida decantará por la medicina, la odontología, las ciencias biológicas y demás, a la vez que se encarga de avisarle a aquel que quiere ser ingeniero que, si en esta etapa no anduvo bien en las matemáticas, debería pensar en otra opción. Esta fue la lógica de nuestro sistema durante muchos años, y todavía conserva muchos adeptos, sobre todo aquellos que repiten de libro que la única forma de salvarse es estudiar.

Un segundo discurso, y muy de moda en la opinología actual, es el de la formación para el “hombre útil”, esencialmente útil para el mercado laboral. Este discurso, muy de moda en la época de la revolución industrial y reapareciendo con fuerza en la actualidad, adjudica a la educación el carácter de utilitaria para un modelo económico productivo y, por ende, para reproducir ciertas estructuras económicas que terminan siempre favoreciendo a unos pocos.

Resulta en exceso fácil y hasta innecesario, vincular esta idea con la lucha de clases, la hegemonía y las formas capitalistas que asumen que a los de abajo hay que prepararlos, en cierta forma, para seguir estando abajo.

Pretendemos entonces, y desde esos puntos de partida, reivindicar un tercer discurso, el que en algún momento intentamos construir de la mano de Paulo Freire, el de educar para la libertad. No hay forma de que nuestro proyecto social construya sujetos críticos, libres y transformadores, si mantenemos nuestra discusión entre lo propedéutico y lo utilitario, sin pensar que la validez de lo que enseñamos solamente cobra sentido cuando se enmarca en un proyecto ciudadano que prepara a los sujetos para decidir libre y conscientes de su condicionamiento como sujeto históricamente situado, de igual forma que lo libera ante la inquietud de construir y reconstruir los espacios culturales que cohabita, en la búsqueda de ese ideal que en forma implícita pero determinante, lo anima a avanzar.

Asumimos que la libertad de pensamiento es un ejercicio que solamente se mejora practicando y que no existe práctica más potente que la que se construye desde la niñez. No hay forma de pensar en sujetos libres y autónomos si nos preocupamos en educar para algo que hoy tiene sentido, pero que no sabemos si mañana lo tendrá.

El sujeto crítico, construirá su futuro con un marco referencial propio, que mantenga viva su capacidad no sólo de usar lo que aprendió sino también de interpretar, transformar, construir y aprender para seguir aprendiendo, como elemento clave en una educación que, como todos sabemos, la única certeza que maneja para el futuro es la propia incertidumbre.

*) Licenciado en Educación Física (ISEF Udelar). Entrenador de fútbol (ISEF-Udelar). Actualmente cursando la Maestría en Didáctica de la Educación Superior (Centro Latinoamericano de Economía Humana).

Director coordinador de Educación Física, del Consejo de Educación Inicial y Primaria/Administración Nacional de Educación Pública. Maldonado-Uruguay.

(ANEP/CEIP). Integrante de la línea “Políticas Educativas y Formación Docente.

Educación Física y Prácticas Educativas”, adscripta al grupo de investigación sobre La Educación Física y su Enseñanza.

*) Mauro Mendiburu Benedetto

De acuerdo a los datos suministrados por el Ministerio de Finanzas de Argentina, al cierre del primer semestre de 2017, la deuda pública argentina asciende a Usd 307.295 millones, o sea 56% del PIB de nuestro vecino. Al finalizar el gobierno de la Dra. Cristina Fernández, la misma ascendía a Usd 253.989, un 46% del PIB de ese momento. En términos de PIB, el incremento de la misma fue de 10 puntos de PIB, cifra nada despreciable.

Es importante destacar que existen dos elementos que sesgan negativamente este guarismo: en primer lugar, el PIB se ha estancado desde el comienzo del nuevo gobierno hasta mediados de 2017, cuando comienzan a sentirse los efectos de las políticas de préstamos hipotecarios de los bancos Nación y Provincia; en segundo lugar, el anterior gobierno mantenía muy bajas reservas internacionales líquidas, por lo que se subestimaba el verdadero peso de la deuda bruta. Por otro lado, también es justo agregar, que la caída del tipo de cambio real reduce el peso verdadero de la deuda existente en la actualidad.

Por encima de todo, es indudable que algunas características del crecimiento de esta deuda son preocupantes. En primer lugar, la deuda ha crecido de la mano de una financiación del déficit fiscal que no ha logrado ser controlado en la primera mitad del gobierno del Ing. Macri.

Si bien el nivel de deuda está dentro de los parámetros de sostenibilidad técnica, la continuidad de su uso para financiar abultados déficits como el actual, la transformará en insostenible en un par de años, en el mejor de los casos. En segundo lugar, es cada vez más importante el peso de las consecuencias inmediatas de la deuda en el propio presupuesto argentino, desde originalmente generar 1.5% del PIB por pago de intereses de la deuda existente, hoy nos acercamos al 2.3%, y esta cifra podrá superar el alarmante 3% al cierre de 2018. En tercer lugar, la deuda se toma fundamentalmente en dólares, lo cual puede ser problemático visto el retraso cambiario que afecta a nuestro vecino, o considerando los riesgos de volatilidad y/o cisnes negros a nivel mundial, o el plan tributario del Presidente Trump con sus consecuencias sobre el valor del dólar.

Varios economistas han alertado sobre esta situación, por ejemplo Mercedes Marco del Pont, ex presidenta del Banco Central Argentino destaca las consecuencias que genera la bicicleta financiera vigente en Argentina, la cual evita una crisis de balanza de pagos a corto plazo, pero al mismo tiempo se vuelve sumamente riesgosa en el mediano plazo.

En el otro extremo filosófico el conocido profesor Juan Carlos de Pablo advierte que siguiendo este camino de déficit fiscal alto con endeudamiento -y yo agregaría, con carry trade- se producirá un choque en la economía argentina. El ex presidente Eduardo Duhalde y su colaborador Roberto Lavagna, ideólogos y ejecutores de la salida de la Gran Crisis del 2001, también se sumaron a estas críticas y alertas.

Nadie desde la Academia piensa diferente, la pregunta es cuándo se producirá el “choque” de Pablo; y básicamente, si en estas latitudes nos estamos preparando para el mismo, o nos estamos adormeciendo con el gran retraso cambiario de las políticas económicas argentinas inconsistentes, que son la única razón por la que la siguiente temporada sea un poco mejor que la anterior.

*) Es Master en Economía Financiera por la Univ. of London-SOAS, UK. Se desempeña actualmente como Profesor de Economía de la Universidad de la República (CURE-Maldonado) y de la Universidad Católica del Uruguay (Sede Punta del Este). Es asesor de inversiones financieras.

*) Psic. Manuel Froilán Zavala

"La depresión blanca" es un síntoma característico de disminución del estado de ánimo durante la época de fin de año. Puede convertirse en una severa depresión si no se atiende oportunamente.

Navidad y Año Nuevo, son festividades que, potenciadas por la publicidad, los programas de TV y el ambiente en esos días, se relacionan con la felicidad. Si la “felicidad” no se obtiene, lo lógico es que se manifiesten la tristeza y la depresión.

En occidente, el mes de Diciembre es el mes cuando se presentan más casos de depresión y suicidio, aumentando en un 40%. Esto se debe a que estas “fiestas” recuerdan y enfatizan  problemas económicos, la muerte reciente o no de personas significativas, lejanía o abandono de seres queridos, las rupturas amorosas y los problemas familiares, entre otras cosas. También, en estas fechas las personas evalúan si lograron alcanzar las metas propuestas o no.

El síntoma principalmente se centra en la “nostalgia”.

Es como que la sociedad intenta llevarnos hacia lo que se considera una vida normal. Si no puedes conseguirlo te sientes mal, inferior, frustrado, diferente a los demás, ya no eres normal; Para muchos, estás fechas estresan y desean que acaben cuanto antes.

Otro aspecto, que nos llevaría a la depresión blanca, son los problemas económicos. Tanto en casa como “en la calle”, recibimos estímulos para que consumamos lo más posible. Hay que cenar cordero, lechón, pavo; no puede faltar la bebida a raudales y en Reyes regalos caros y variados para todos; regalos que muchas veces no podemos solventar.

Es una terrible presión que no todos saben gestionar adecuadamente, lo que lleva a que muchas personas se sientan frustradas, angustiadas y deprimidas. “Si no hago todo lo que la sociedad de consumo me dice, mi familia será infeliz y yo un fracasado”, podría ser una de las muchas frases de quien sufre el la depresión blanca.

QUERIDO AMIGO, si durante el año que está finalizando, has perdido a un ser querido, te sientes triste, padeces de depresión, tristeza, o sencillamente no ves una luz de esperanza, si te encuentras frustrado por alguna situación determinada, como no tener un trabajo que te permita suplir las necesidades básicas de tus seres queridos, una relación amorosa que finalizó abruptamente, alguna enfermedad grave... POR FAVOR:

Acude a un profesional de la salud mental (psicólogo y psiquiatra) si aún no lo has hecho. Si has iniciado sesiones terapéuticas, éstas deben ser reforzadas en ésta época y en cuanto a la farmacología (medicamentos), NO LOS DEJES "sin indicación de tu médico psiquiatra";

NO PASES SOLO éstas fiestas. Organízate y coordina con familiares, vecinos y/o amigos para pasar con ellos. PASA ACOMPAÑADO.

Deseo sinceramente que pases de la mejor manera éstas fiestas, disfrútala a tu manera y SEGÚN TUS POSIBILIDADES, en compañía de los que te quieren de verdad, de los que realmente se preocupan por vos. Pero por sobre todo… CUIDATE... TU VIDA "VALE"... y tú eres especial.

RECUERDA: EL SUICIDIO ES UNA CAUSA DE MUERTE EVITABLE.

*) Licenciado en Psicología, especialidad Clínica (con Habilitación Profesional del MSP). Miembro Honorario en el Área de Negociación Antisecuestro (gerenciamiento de crisis) del Grupo Halcón de la Policía Argentina

Especializaciones en Suicidología: Red Mundial de Suicidiólogos (Representante Nacional hasta el año 2.008); Red Iberoamericana de Suicidiólogos (Argentina).

Miembro de la Asociación Argentina de Salud Mental (AASM), desde el 10 de agosto de 2016.

Ex - Miembro de la Sociedad Mexicana de Tanatología.

Libros publicados: “Suicidio Infanto-Juvenil” - Cómo reconocer las Señales de Advertencia (Editorial Arandura. Año 2006); en proceso: “Estrés, Depresión y Suicidio”. Disertante en múltiples eventos en varios países.

*) Prof. José Luis Corbo

“Estamos poco atentos a pensar la diferencia como algo no sólo a respetar, sino también a promover” (Ander Egg, 1991)

La escuela, en la modernidad, crece y se erige progresivamente, como institución educativa formal destinada a la construcción, en base a la automatización de ciertos hábitos de convivencia y la acumulación de determinados saberes, de un modelo de sujeto condicionado a la voluntad política, social, cultural e histórica producto de las demandas específicas a las que cada época la ha sometido.

En dicho sentido, parece redundante decir, que quienes históricamente han estado a cargo de las políticas educativas, han sido los encargados de tomar las decisiones en cuanto al tipo de sujeto que dicha escuela quiere construir, valiéndose del curriculum como dispositivo explícito, el curriculum oculto como mensaje educativo encubierto, implícito, y el curriculum nulo como lo que no se encuentra en el curriculum y que fue mantenido al margen, producto de un recorte intencionalmente determinado.

En función de lo que ha sido la realidad histórica, y remitiéndonos a los formatos escolares europeos del siglo XIX, podemos decir que la escuela fue un espacio selecto, no inclusivo, lugar de formación de los jóvenes de las clases dominantes y reproductor de un mensaje útil con intenciones claras de mantener los rasgos constitutivos de cierta cultura hegemónica que ostentaba y ostentó el poder durante muchísimos años. El sujeto que dicha escuela promovía respondía a las formas del sujeto burgués, heredero del trono del poder y pieza renovable y por tanto recorte genérico de un status quo.

En esa lógica escolar, que operaba bajo la idea de premiar al igual y castigar al diferente en función de formas de normalidad que la clase dominante establecía, quienes enseñaban, en función de lo preestablecido, eran los encargados de someter al “diferente” a ejercicios especiales con el propósito de acercarlo a los parámetros que requería el formato.

Se asumía entonces, que el gran logro de la escuela como institución, pasaba por la construcción de sujetos iguales, que dominaran saberes necesarios que los diferenciaran de los “no educados” y que les permitieran acceder a los cargos de poder sobre los cuales se configuraba el Estado.

Sobre este tema se ha escrito y dicho demasiado. Lo importante es percibir en ese proceso la preocupación por la reproducción de las estructuras hegemónicas de poder. Muy lejos estuvo la escuela, en esos tiempos, de la construcción de sujetos críticos.

A su vez, y en un enfoque más didáctico, podemos decir que esos formatos escolares asumían como supuestos teóricos en sus prácticas, el hecho de que todos los sujetos parten del mismo lugar en cuanto a sus aprendizajes, todos tienen los mismos intereses y, por tanto, parece de orden el hecho de enseñar todo a todos, cayendo en la bolsa del fracaso escolar aquellos que no alcanzan los estándares. Subyace aquí la evaluación como práctica acreditadora de los sujetos en cuanto a lo dispuesto curricularmente, a la vez que preestablecido por las formas de ciertos perfiles de egreso.

Hoy en día, y producto de las innumerables transformaciones que ha sufrido la escuela, nos encontramos en el mundo con nuevos formatos educativos que luchan por sobreponerse a aquellos viejos inmortales, y que amenazan con cambiar la educación de una vez y para siempre.

La construcción de sujetos críticos y diferentes, pelea contra la producción de sujetos adoctrinados e iguales, los intereses de las clases dominantes tiemblan ante la amenaza del “libre pensador”, y la escuela se vislumbra como formadora de sujetos capaces de entender el mundo y de, eventualmente, transformarlo en clave crítica, a la vez que lograr su máximo desarrollo personal.

Esos nuevos discursos escolares orientados a prácticas emancipadoras sobrevuelan las aulas de las escuelas bajo los intentos incasables de docentes que resisten a los mensajes contradictorios de políticas educativas sostenidas por y para el esfuerzo de agradar a evaluadores extranjeros. Parece cada vez más evidente la necesidad de estandarizar, de comparar a nuestros niños con otros niños, construidos al gusto de lo que los organismos de orden macro económico describen en ideas del “deber ser”.

Parece válido asumir la necesidad de transferir todo a referentes numéricos. Las prácticas educativas son transferidas a tablas y gráficos en las que nuestros alumnos se visualizan mal o bien ubicados frente a niños que nada tienen que ver con ellos ni con lo que se considera válido de enseñar y, por tanto, se enseña en nuestras escuelas.

La escuela de hoy se enfrenta al gran desafío de convertirse en un espacio de diversidad válidamente abordada. Diversidad definida no como el intento de atender al diferente, al que no accede a los parámetros de la normalidad preestablecida, sino como la obligación de asumir lo necesario y urgente de educar desde las diferencias, porque no hay validez moral para la búsqueda de la construcción de dos sujetos similares.

Nuestra escuela debe ser un espacio de diversidad, no de perfiles donde, en palabras de Stenhouse, las conductas se liberen y no se automaticen al servicio de la repetición y construcción de sujetos simétricamente recortados.

Y para la didáctica, los giros se significan sostenidos en lo vertiginoso de los cambios en este particular momento histórico. El curriculum deberá validarse a partir de su rol articulador entre sujeto y cultura, a sabiendas de que la cultura es sinónimo de diversidad y de reconstrucción permanente; los objetivos operan como guías hipotéticas para el docente, pero no construyen perfiles; la planificación como producto particular e inacabado, al igual que la metodología, se asocian al servicio de la enseñanza tanto como la evaluación que, lejos de construir sujetos, funciona como un aliado más para que esos aprendizajes aporten a la búsqueda de sujetos críticos.

 

*) Licenciado en Educación Física (ISEF Udelar). Entrenador de fútbol (ISEF-Udelar). Actualmente cursando la Maestría en Didáctica de la Educación Superior (Centro Latinoamericano de Economía Humana).

Director coordinador de Educación Física, del Consejo de Educación Inicial y Primaria/Administración Nacional de Educación Pública. Maldonado-Uruguay.

(ANEP/CEIP). Integrante de la línea “Políticas Educativas y Formación Docente.

Educación Física y Prácticas Educativas”, adscripta al grupo de investigación sobre La Educación Física y su Enseñanza.

*) Daniel Pelenur MBA

 

Nuestro querido paisito (espero no ofender, pero es mi termino cariñoso a algo que quiero mucho), nuestro país para otros, es un territorio agrícola ganadero, donde hacemos cosas muy buenas y de excelente calidad para nuestro consumo y para el exterior; nuestra carne, nuestra producción agrícola, nuestra lana, derivados lácteos y mucho más.

Eso es lo que nos brindó la naturaleza, y lo hemos ido mejorando y tecnificando, el agro y sus derivados son una parte esencial de nuestro producto bruto. Pero la naturaleza no nos proporcionó gas, petróleo, minerales básicos para extracción y tener industria pesada, elementos que nos darían una mejor sustentabilidad económica; debemos comprar dichos insumos o transformarlos y en esto tenemos varios matices de ineficiencia en el manejo, específicamente con empresas públicas encargadas del área energética y sus derivados.

Ya hemos tratado el tema Ancap, pero me sigue pegando mal que se esté hablando y haciendo una montaña de papel de cosas que no llegan al 0.010% del déficit que acumuló la empresa en los últimos 10 a 12 años; de gastos ridículos de tarjetas corporativas y demás, y que sea intocable la pésima gestión que derivo en un déficit de más de 800 millones de dólares.

En eso somos campeones del mundo, en el corporativismo, amiguismo político, defensa de lo indefendible; los responsables de todo este descalabro, siguen caminando tranquilos y haciendo sus cosas, acá no pasó nada… es el país de que las cosas siguen igual…

Qué generosidad!

El país necesita empleo, pero empleo genuino, que tenga una contrapartida de agregado económico cierto; necesitamos inversiones, apertura de mas mercados para la colocación de nuestros excelentes productos agro industriales a regiones que tienen demanda, pero no competimos porque debemos pagar aranceles, mientras el resto de mundo prácticamente tiene acuerdos comerciales mucho más favorables.

Se hace muy cuesta arriba tratar de crecer en este entorno. No se entiende el razonamiento de parte de nuestros parlamentarios y gobernantes que se oponen a esta apertura de Uruguay hacia el mundo…

Hay que generar riqueza. Parece que a muchos le asusta la palabra riqueza: no es una mala palabra, es algo que usado bien y con el Estado participando en políticas redistributivas genuinas (no entregando dinero sin contraprestación, como uno de los tantos ejemplos) es un elemento clave para combatir la pobreza. Riqueza que generen las empresas, privadas y públicas.

Para generar riqueza, es decir tener resultados que puedan satisfacer las necesidades operativas y de gestión y que quede flujo financiero restante, que se pueda acumular, participando a los accionistas, y haciendo inversiones, el esquema tendría que funcionar.

Lo hemos dicho varias veces: las empresas públicas generan riqueza (algunas) y ese dinero se vuelca a rentas generales que ayuda al Estado a tratar de solventar su gestión. Al ser varias prácticamente monopólicas, se podría mejorar sustancialmente el agregado utilidades si mejoro la gestión. Para mejorar la gestión debo tener a los operadores necesarios capacitados para gobernar dichas organizaciones. No nos pasa esto en el paisito, salvando contadas excepciones.

La creación de empleo es básico para mejorar nuestra situación, inclusive dejando cortar nuestros preciosos arboles a una multinacional que nos traerá un capital enorme de inversión para la economía. Nada es fácil, estamos entregando parte de nuestra tierra, y no estamos en situación de decir que no, pero les comento que ya pocos países en el mundo aceptan esta forma de producción.

Para concluir, empleo genuino, educación; son dos premisas básicas que tenemos que manejar para los años que vienen, deben ser políticas de Estado, porque estas variables van a combatir la pobreza, resultando en mejor calidad de vida para la población y reduciendo sensiblemente la inseguridad.

*) Master en Administración de Empresas (New York University). Ocupó cargos gerenciales de primer nivel en áreas administrativas financieras en importantes empresas en Montevideo y Buenos Aires. Docente Universitario. Desde el 2008 hace consultoría y capacitación en empresas familiares en áreas de Administración, Contabilidad, Finanzas y Organización. Cel. 099 141 417 - Esta dirección de correo electrónico está protegida contra spambots. Usted necesita tener Javascript activado para poder verla.